El deseo sexual femenino no es lineal ni constante; por el contrario, experimenta fluctuaciones naturales a lo largo del mes. Expertos de Keralty (Colsanitas) señalan que estos cambios en la energía y el estado de ánimo son procesos biológicos normales asociados a las variaciones de estrógenos y progesterona en el cuerpo de las mujeres.
Aunque durante décadas el deseo femenino estuvo rodeado de tabúes, la ciencia actual permite identificar patrones generales en cada fase del ciclo, ayudando a las mujeres a comprender sus ritmos individuales sin culpas ni expectativas irreales.
El mapa del deseo: fase a fase
Según la ginecóloga Alejandra Galofre y la sexóloga Pilar Lobo Guerrero, el deseo sexual suele variar de la siguiente manera:
- Menstruación: Con los niveles hormonales en su punto más bajo, es frecuente sentir cansancio, malestar físico y una disminución del deseo.
- Fase preovulatoria: El aumento de estrógenos y un leve incremento de testosterona favorecen el buen ánimo y una mayor disposición para el contacto íntimo.
- Ovulación: Se alcanza el pico hormonal, lo que suele coincidir con el mayor nivel de energía, confianza y libido.
- Fase postovulatoria: Predomina la progesterona, generando un efecto calmante, pero también síntomas del síndrome premenstrual que pueden reducir nuevamente el deseo.
“El deseo femenino no depende exclusivamente de las hormonas, sino que también está atravesado por factores emocionales, relacionales y sociales”, agrega la doctora Galofre.
Salud integral y bienestar en 2026
Este enfoque de autoconocimiento impulsado por Keralty se alinea con la creciente tendencia de salud preventiva y bienestar integral en el país. En este contexto, otras áreas de la salud también enfrentan retos y avances significativos:
- Saturación en urgencias: Mientras se promueve el autoconocimiento, instituciones como LaCardio registran una sobreocupación del 320%, instando a los pacientes a usar servicios ambulatorios para casos no vitales.
- Atención domiciliaria: ACISD advierte que el modelo de cuidado en casa para 200.000 pacientes está en riesgo por costos laborales, lo que podría aumentar la presión en los hospitales.
















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