En la actualidad, es cada vez más frecuente encontrar personas que aparentan y se sienten mucho más jóvenes de lo que indica su documento de identidad. Este fenómeno, que la ciencia ha comenzado a desglosar bajo los conceptos de edad biológica (el estado real de nuestras células) y edad subjetiva (cómo nos percibimos), demuestra que el envejecimiento no es un proceso uniforme, sino un ritmo que cada persona puede influir.
El deterioro celular ocurre a nivel molecular y está estrechamente ligado a la longitud de los telómeros, las capas protectoras de nuestro ADN que se acortan debido al sedentarismo, la mala alimentación y el estrés oxidativo. Sin embargo, la percepción personal también juega un rol crítico: quienes se sienten jóvenes tienden a mantener vínculos sociales más fuertes y una mayor disposición hacia hábitos saludables.
Funcionalidad: El nuevo termómetro de la edad
Para la medicina moderna, el número de años cumplidos está pasando a un segundo plano frente a la capacidad funcional del individuo.
“Uno de los marcadores más importantes para estimar la edad biológica es la velocidad con la que caminamos. Si vemos a un paciente de 80 años que es funcional, no es frágil y no presenta alteraciones cognitivas, su edad biológica es mucho menor que su cronológica”, afirma Héctor Cárdenas, geriatra adscrito a Colsanitas.
El especialista enfatiza además la necesidad de combatir el edadismo (discriminación por edad) y promover una cátedra sobre el adulto mayor en todas las profesiones para aprovechar sus ventajas y conocimientos en beneficio de la humanidad.
Cinco hábitos para un envejecimiento saludable
Para reducir el desgaste de los telómeros y fomentar la regeneración celular, los expertos recomiendan integrar estas prácticas en la rutina diaria:
- Alimentación con «supercomponentes»: Consumir alimentos ricos en resveratrol (uvas, arándanos, maní) y quercetina (manzanas, brócoli, té verde), que ayudan a reparar el ADN y reducir la inflamación.
- Movimiento constante: La actividad física regular es indispensable para conservar la masa muscular y ósea, evitando la fragilidad en la vejez.
- Control del cortisol: Gestionar el estrés es vital, ya que niveles altos de adrenalina y cortisol aceleran el desgaste celular.
- Redes de apoyo sólidas: El aislamiento es un enemigo de la longevidad. Mantener vínculos sociales activos previene el deterioro cognitivo y la depresión.
- Propósito de vida: Tener metas claras a largo plazo brinda una motivación que impacta directamente en el bienestar integral.
Entender que el envejecimiento es multifactorial permite a los colombianos tomar el control de su salud, promoviendo una vejez con independencia, dignidad y plenitud.




















































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