Cada año, más de 15 millones de personas en el mundo sufren un ataque cerebrovascular (ACV), según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Colombia, esta condición es una de las principales causas de muerte y discapacidad, afectando en mayor medida a las mujeres. Sin embargo, detrás de las cifras también existen historias de esperanza, como la de Carolina Mosquera, una joven madre antioqueña que, tras sufrir un ACV a los 31 años, ha encontrado en la rehabilitación integral una nueva oportunidad de vida.
El Hospital San Vicente Fundación Medellín se ha convertido en un referente nacional en la atención y rehabilitación de pacientes con ACV, implementando un modelo de cuidado integral que combina la excelencia médica con el acompañamiento emocional y familiar. A través de su programa especializado en rehabilitación física y neurológica, el hospital promueve la recuperación de la autonomía, la funcionalidad y la calidad de vida de los pacientes.
Carolina recuerda cómo, tras el episodio, su mundo cambió por completo: “Pasé de ser independiente a no poder moverme ni hablar. Gracias al equipo médico, la rehabilitación y el apoyo de mi familia, poco a poco he recuperado fuerza, movilidad y voz. Este proceso me ha enseñado a valorar cada pequeño avance”, cuenta emocionada.
La doctora Janeth Rosero Vélez, fisiatra del Hospital San Vicente Fundación, explica que la rehabilitación temprana es clave: “Iniciar el proceso en las primeras 72 horas mejora notablemente la funcionalidad y reduce las secuelas. Nuestro enfoque involucra al paciente, su familia y un equipo interdisciplinario que trabaja por su recuperación integral.”
El hospital dispone de un simulador de vivienda donde los pacientes practican actividades cotidianas, preparándose para reintegrarse a su entorno familiar y laboral. Además, se brinda orientación a los cuidadores para continuar las terapias en casa, fortaleciendo la recuperación a largo plazo.
Por su parte, la doctora Katherine Mantilla Barbosa, neuróloga líder del programa, enfatiza la importancia de actuar con rapidez ante los primeros síntomas: “Un rostro caído, debilidad repentina o dificultad para hablar son señales que no deben ignorarse. Actuar a tiempo puede salvar vidas y evitar discapacidades permanentes.”
Hoy, Carolina avanza con optimismo en su proceso de recuperación, demostrando que con fe, apoyo y atención médica especializada, la vida después de un ACV sí puede renacer. Su historia inspira a cientos de pacientes que luchan por recuperar su independencia y su esperanza.
















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