Durante muchos años, la conversación sobre nutrición se centró en el peso corporal, la energía y la prevención de enfermedades físicas. Sin embargo, en los últimos años, distintos estudios han comenzado a explorar su impacto en otras dimensiones de la salud, analizando cómo la alimentación y los nutrientes pueden influir en la manera en que envejecemos, tanto física como mentalmente. Hoy, esa conversación comienza a tomar una nueva dirección.
Evidencia científica: Nutrición y preservación cognitiva
El estudio COSMOS-Mind, un ensayo clínico aleatorizado que siguió durante tres años a más de 2.200 adultos mayores, evaluó el impacto de la suplementación diaria con multivitamínicos en distintas funciones cognitivas. Sus resultados se asociaron con mejoras en la cognición global, así como en funciones clave como la memoria y la función ejecutiva. Estos hallazgos sugieren un posible papel de la suplementación nutricional en el mantenimiento de ciertas funciones cognitivas a lo largo del tiempo, especialmente en el contexto de una población que envejece de manera creciente.
A estos resultados se suman los del estudio COSMOS-Web, que incluyó a más de 3.500 participantes y evaluó el desempeño de la memoria mediante herramientas digitales. En este análisis, la suplementación con multivitamínicos también se asoció con mejoras significativas, con un efecto estimado por los investigadores como comparable a aproximadamente tres años de envejecimiento cognitivo. En conjunto, estos hallazgos refuerzan una idea que gana cada vez más relevancia: la nutrición, complementada con una suplementación adecuada, podría influir no solo en el bienestar físico, sino también en la preservación de las capacidades cognitivas a lo largo de la vida.
El panorama nutricional en América Latina
En América Latina, esta conversación adquiere una dimensión particular. La región enfrenta desafíos importantes en materia de nutrición, donde persisten problemáticas relacionadas con la calidad de la alimentación y su impacto en la salud de la población.
De acuerdo con el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025, América Latina y el Caribe han logrado avances importantes en la reducción del hambre, con una prevalencia de subalimentación de 5.1% en 2024. El reporte anual destaca el siguiente comportamiento por países:
- Brasil: Registra una prevalencia del hambre inferior al 2.5%.
- México: Se encuentra muy cerca del porcentaje registrado por Brasil.
- Argentina y Colombia: Se mantienen por debajo del 5%.
Pese a estos avances, más de 33 millones de personas aún padecen hambre en la región, 167 millones viven con inseguridad alimentaria, 181.9 millones de personas —equivalentes al 27.4% de la población— no pueden costear una dieta saludable y 141 millones de adultos viven con obesidad. En una región donde cada vez más personas tienen acceso a alimentos, pero no necesariamente a dietas equilibradas, la conversación evoluciona: no solo importa cuánto comemos, sino qué tan bien nos nutrimos, tanto a nivel físico como mental, especialmente en funciones relacionadas con la memoria y el envejecimiento cerebral.
“Combatir la malnutrición en todas sus formas requiere estrategias integrales de prevención, nutrición y educación que garanticen el acceso a una alimentación asequible, diversa y nutritiva.” — Cyntia Salerno, Directora de Investigación y Desarrollo de Haleon en Latinoamérica.
Estrategias para un envejecimiento saludable
En este contexto, el Día Mundial de la Nutrición representa una oportunidad para ampliar la conversación, no solo sobre qué comemos, sino sobre el papel que la nutrición desempeña en la salud a lo largo de la vida. Comprender las necesidades del organismo y cómo complementar la dieta ante requerimientos nutricionales específicos se vuelve clave en un escenario que trasciende el bienestar inmediato, y que también abarca la forma en que las personas buscan envejecer y preservar su salud física y cognitiva.
Dentro de este enfoque, la suplementación con multivitamínicos puede formar parte de una estrategia complementaria cuando la dieta no cubre completamente los requerimientos nutricionales, particularmente en etapas de la vida en las que estas necesidades se modifican, sin sustituir una alimentación equilibrada.




















































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