Durante años, el colesterol ha sido señalado como uno de los principales enemigos de la salud. Sin embargo, este lípido cumple funciones vitales como la producción de hormonas, la formación de membranas celulares y la síntesis de vitamina D. El verdadero problema surge cuando el equilibrio entre sus diferentes tipos se altera.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 39 % de los adultos en el mundo presenta niveles altos de colesterol, lo que contribuye a más de 2,6 millones de muertes cada año. La misma entidad estima que hasta el 80 % de las enfermedades cardiovasculares prematuras podrían prevenirse con diagnósticos oportunos y manejo adecuado de los factores de riesgo.
Colesterol LDL y HDL: un balance crucial
El llamado colesterol LDL o “malo” puede acumularse en las arterias y dificultar el flujo sanguíneo, aumentando el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular. En contraste, el colesterol HDL o “bueno” cumple la función de limpiar el exceso de grasa en la sangre y llevarlo al hígado para su eliminación.
“El paradigma sobre el colesterol está cambiando. Hoy entendemos que no se trata solo de ‘bueno’ o ‘malo’, sino de un equilibrio complejo que define el riesgo cardiovascular. Las tecnologías actuales permiten una lectura más precisa y personalizada de este perfil lipídico, lo que abre la posibilidad de intervenir antes de que aparezcan los síntomas”, explicó Hélida Silva, directora de Medical Affairs para América Latina de Siemens Healthineers.
Diagnóstico temprano: la clave para la prevención
Las pruebas de laboratorio, como el perfil lipídico, analizan en conjunto el colesterol total, el HDL, el LDL y los triglicéridos. Esto permite una valoración integral del riesgo cardiovascular, especialmente en personas con hipertensión, diabetes, antecedentes familiares o estilos de vida poco saludables.
La OMS recomienda mantener el colesterol total por debajo de 190 mg/dL y realizarse un perfil lipídico al menos cada cinco años en adultos sanos, con mayor frecuencia en quienes presentan factores de riesgo.
“La revolución en el diagnóstico cardiovascular está en la rapidez y accesibilidad de estas pruebas. Hoy es posible identificar desequilibrios mínimos que antes pasaban inadvertidos, cambiando nuestra capacidad de prevenir complicaciones graves”, añadió Silva.
















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