En vísperas del Día Internacional de la Mujer, el próximo 8 de marzo, la conversación global se centra en una estadística alarmante: según el McKinsey Health Institute, las mujeres pasan un 25 % más de tiempo que los hombres en «mala salud». Esta brecha no solo afecta la calidad de vida y la dignidad humana, sino que impacta la economía global; cerrarla podría inyectar más de 1 billón de dólares anuales al mercado mundial.
La desigualdad en salud se manifiesta en cifras críticas: en 2023, la OMS reportó 260.000 muertes relacionadas con el embarazo y el parto, el 90 % en países de ingresos bajos y medios. A esto se suman diagnósticos de alta incidencia femenina como el cáncer de mama (26,1 %) y las enfermedades cardiovasculares, que cobran la vida de 1 de cada 3 mujeres cada año.
La IA y el diagnóstico: Aceleradores de equidad
Frente a este panorama, la tecnología médica emerge como un «acelerador» de equidad. Soluciones avanzadas en diagnóstico por imagen, ultrasonido y medicina nuclear permiten estandarizar la calidad y reducir la variabilidad entre operadores, llevando capacidades especialistas a zonas remotas.
En este campo, la Inteligencia Artificial (IA) se ha vuelto una herramienta potente para diagnósticos más precisos. GE HealthCare lidera este avance con 100 autorizaciones de dispositivos médicos con IA por la FDA, enfocándose en conectar datos y flujos clínicos para detectar patologías en etapas tempranas, donde las mujeres suelen llegar tarde al diagnóstico.
















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