El sarampión vuelve a poner en alerta a América Latina. En lo que va del año, se han confirmado 2.325 casos en el continente, una cifra once veces superior a la reportada en el mismo periodo de 2024. Esta situación ha encendido las alarmas de las autoridades sanitarias, que ven con preocupación las brechas en las coberturas de vacunación.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi el 48% de los más de 82.000 casos sospechosos notificados entre enero y abril de 2025 en 156 países fueron confirmados. En América, los grupos más afectados han sido niños y adolescentes entre 10 y 19 años (24%), seguidos por niños entre 1 y 4 años (22%) y adultos jóvenes de 20 a 29 años (19%).
Uno de los datos más preocupantes es que el 30% de los infectados no estaban vacunados, y en el 65% de los casos no había información sobre su esquema de vacunación. Esta situación, según expertos, pone en riesgo la inmunidad colectiva y aumenta la posibilidad de brotes severos.
El impacto de la pandemia en la inmunización
El Dr. Raimundo Seguí López-Peñalver, coordinador de la Maestría en Epidemiología y Salud Pública de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), advierte que el aumento de casos está estrechamente relacionado con la disminución de la cobertura vacunal producto de la pandemia de COVID-19.
“El sarampión no ha desaparecido. Aprovecha cualquier debilidad en la inmunidad poblacional, y hoy estamos pagando las consecuencias de interrupciones en los programas de vacunación, desinformación y dificultades de acceso”, explica el Dr. Seguí.
Factores como la migración desde zonas con baja cobertura, la relajación de campañas de inmunización y las barreras socioculturales también han facilitado la propagación del virus.
Una enfermedad más grave de lo que parece
Contrario a la percepción común, el sarampión no es una enfermedad leve. Puede generar complicaciones como neumonía, encefalitis, ceguera, otitis y diarrea severa. Los niños menores de cinco años no vacunados, personas inmunocomprometidas y mujeres embarazadas son especialmente vulnerables.
“Un brote de sarampión representa una amenaza seria tanto para la salud pública como para el sistema sanitario. Saturan los servicios, desvían recursos y agravan desigualdades”, añade el experto.
¿Qué se debe hacer?
Los epidemiólogos coinciden: la vacunación es la herramienta más efectiva. Se requiere una cobertura del 95% con dos dosis para garantizar la inmunidad colectiva. Además, es vital fortalecer la vigilancia epidemiológica, combatir la desinformación y garantizar el acceso equitativo a las vacunas.
Esta situación no solo pone a prueba los sistemas de salud pública, sino también el compromiso social con la prevención. En tiempos en que resurgen enfermedades prevenibles, la vacunación no es una opción, es una responsabilidad colectiva.
















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