Una emergencia silenciosa golpea a cientos de personas migrantes y desplazadas LGBTQIAPN+ en Colombia. Según la ONG brasileña Planeta de TODOS, muchas de estas personas llegan solas, sin redes familiares ni económicas, y se enfrentan a condiciones extremas de vulnerabilidad, exclusión institucional y violencia sistemática.
El panorama es preocupante: en lo que va del año, 35 personas LGBTIQ+ han sido asesinadas en Colombia, según la Fiscalía General de la Nación. En 2024, la Defensoría del Pueblo documentó 287 casos de violencia por prejuicio, incluidos 30 asesinatos de personas trans. Y según organismos como ACNUR y Human Rights Watch, el 78 % de las personas trans migrantes no accede a salud ni empleo digno, y 1 de cada 6 ha sufrido violencia física o sexual en su ruta migratoria.
Una migración empujada por el rechazo y la violencia
La mayoría migra como última salida ante el rechazo familiar, las amenazas por identidad de género u orientación sexual, y la exclusión estructural en sus países de origen. Pero al llegar a Colombia —uno de los destinos más comunes en la región—, se enfrentan a un nuevo muro: la falta de atención diferenciada y oportunidades reales de integración.
“Recibimos personas que no tienen ni dónde dormir ni cómo alimentarse, y que siguen siendo marginadas por ser quienes son”, denuncia Joseph Duarte, coordinador de Planeta de TODOS en Colombia.
Un llamado urgente a crear una red nacional de apoyo
La ONG lanza un llamado contundente a entidades públicas, empresas privadas, cooperantes y fundaciones para construir una red multisectorial que garantice integración digna, con acciones como:
- Protocolos inclusivos y campañas de sensibilización.
- Programas de empleabilidad con enfoque diferencial.
- Alianzas con empresas que promuevan entornos laborales libres de discriminación.
- Becas y formación técnica adaptada a trayectorias migrantes.
- Apoyo al emprendimiento y acceso a microcréditos.
- Mentorías y acompañamiento psicosocial continuo.
“Recuperé mi identidad y mis sueños”
Andrea Victoria Méndez, mujer trans migrante y beneficiaria del programa, comparte su testimonio: “Llegué rota y sin esperanzas. Hoy puedo decir mi nombre con orgullo, mirar mi cédula sin miedo y trabajar en un lugar donde me respetan. Aquí recuperé mis sueños.”
La ONG insiste: no basta con sobrevivir. Es hora de que la sociedad colombiana asuma el reto de reconstruir vidas desde la dignidad, la equidad y la justicia social.
















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