Cada año, 15 millones de bebés nacen prematuramente en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Colombia, esta cifra es preocupante, con 10 de cada 100 bebés naciendo de forma anticipada. Esta realidad impone desafíos significativos, tanto para las familias como para el sistema de salud, que deben enfrentarse a complicaciones médicas y emocionales de gran envergadura.
Clasificación y desafíos de la prematuridad
La prematuridad se categoriza según la edad gestacional, lo que influye en la complejidad de los cuidados necesarios. Los nacimientos antes de las 28 semanas se consideran de extrema prematuridad y conllevan el mayor riesgo de complicaciones severas. Los bebés nacidos entre las 28 y 32 semanas también requieren atención intensiva, mientras que los de 32 a 34 semanas se clasifican como pretérmino moderado. Por último, aquellos nacidos entre las 34 y 36 semanas y 6 días, conocidos como pretérmino tardío, generalmente enfrentan menores complicaciones.
“Los bebés prematuros, sin importar su clasificación, enfrentan riesgos graves debido a la inmadurez de sus órganos. Las complicaciones pueden incluir problemas respiratorios, infecciones, trastornos gastrointestinales y problemas de visión. Además, el riesgo de problemas neurológicos como parálisis cerebral o retrasos cognitivos es elevado, afectando su desarrollo a largo plazo. Es importante recordar que la prematuridad es una de las principales causas de mortalidad infantil antes de los cinco años”, señala la doctora Isabel Valencia, neonatóloga del Hospital Infantil San Vicente Fundación.
Prevención y atención integral
El parto prematuro puede deberse a diversas causas, algunas prevenibles. Las infecciones, problemas en el cuello uterino como la incompetencia cervical y enfermedades crónicas de la madre, como la diabetes y la hipertensión, figuran entre los factores más comunes. La atención prenatal regular, una dieta equilibrada, ejercicio adecuado y evitar sustancias nocivas son medidas clave para reducir el riesgo de parto prematuro.
En el Hospital Infantil San Vicente Fundación, el abordaje de la prematuridad se realiza con un enfoque multidisciplinario. “Nuestra unidad neonatal está equipada con tecnología avanzada, incluyendo soporte ventilatorio y nutrición parenteral, para ofrecer la mejor atención posible. Contamos con 27 especialistas y subespecialistas que trabajan de manera coordinada en nuestras unidades de UCI y cuidados intermedios”, explica la doctora Valencia. Además, se permite la presencia constante de los padres y se fomenta el uso del Método Madre Canguro, un contacto piel a piel que mejora la salud del bebé, previene infecciones y fomenta una respiración y alimentación adecuadas.
Impacto emocional y apoyo a las familias
El nacimiento de un bebé prematuro no solo supone un reto médico, sino también un desafío emocional para los padres. La incertidumbre puede derivar en ansiedad, depresión y estrés. Por ello, el Hospital Infantil San Vicente Fundación brinda apoyo psicológico y emocional para acompañar a las familias en este proceso.
La doctora Valencia reafirma el compromiso del hospital: “Creemos en la importancia de un apoyo integral que involucre tanto la salud física como el bienestar emocional de las familias. Así, no solo contribuimos a la recuperación de los bebés, sino que también ayudamos a sus padres a encontrar esperanza en medio de la incertidumbre”.
Este enfoque integral, que combina tecnología, atención de calidad y apoyo familiar, es esencial para proteger y valorar la vida desde sus etapas más vulnerables.
















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