El panorama corporativo en Colombia está experimentando una transformación sin precedentes. Según datos recientes del CESA, la participación femenina en las juntas directivas del país alcanzó un máximo histórico del 25,6 % al cierre de 2025. Sin embargo, este avance no es producto del azar, sino de un cambio profundo en la estructura organizacional de las compañías que han decidido pasar de la intención a la acción institucional.
A pesar de que el Global Gender Gap Report del Foro Económico Mundial advirtió en 2024 que la mayor brecha persiste en la progresión hacia cargos de decisión, un grupo de empresas en Colombia está demostrando que es posible romper el «techo de cristal» mediante tres ejes fundamentales: la formalización de ascensos, la medición por resultados y la corresponsabilidad.
Las tres claves del avance sostenido
Las organizaciones que logran resultados consistentes han dejado de lado la discrecionalidad para adoptar mecanismos claros:
- Promociones transparentes: Criterios de sucesión medibles y conocidos que eliminan sesgos en la alta gerencia.
- Adiós a la presencialidad: El enfoque en resultados sobre las horas-silla ha permitido que el talento femenino permanezca en cargos estratégicos, incluso en etapas de alta demanda familiar.
- Corresponsabilidad institucional: Políticas como licencias de paternidad extendidas y esquemas híbridos aseguran que la carga del hogar no recaiga únicamente en las mujeres, equilibrando las trayectorias profesionales.
Un caso referente es Procter & Gamble (P&G), donde el 90 % de los cargos de liderazgo directivo son ocupados por mujeres. «La representación es el resultado de decisiones consistentes en el tiempo», afirma Fernanda Vallina, directora senior de RR.HH. de la compañía, destacando que el desarrollo interno basado en competencias es el motor del éxito.
















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