En la era de los algoritmos y las métricas digitales, el marketing ya no solo busca vender productos o posicionar marcas, sino captar nuestra atención… y sostenerla a toda costa. Un reciente informe académico titulado “El nuevo opio del consumidor: Dopamina, redes sociales y el efecto en la Inteligencia Emocional”, publicado por Broward International University (BIU), advierte que los estímulos constantes en redes sociales están afectando directamente el bienestar emocional y la inteligencia emocional de los colombianos.
Más del 74 % de la población colombiana accede diariamente a redes sociales, y los jóvenes invierten en promedio más de tres horas y media diarias frente a pantallas, según datos de We Are Social. En este entorno, el marketing digital ha evolucionado hacia un modelo que activa el sistema de recompensa cerebral, con contenidos diseñados para generar estímulos rápidos de dopamina que aseguran retención… pero a costa de la salud mental.
Dopamina digital y vínculos emocionales frágiles
Según Daniel Carlés, profesor de BIU y autor del análisis, “el sistema de recompensas del cerebro está siendo manipulado por las plataformas y marcas para fomentar el consumo emocional inmediato”. Las consecuencias, explica, incluyen:
- Reducción de la atención sostenida (de 2.5 minutos en 2004 a solo 47 segundos hoy, según Gloria Mark, 2023).
- Menor tolerancia a la frustración.
- Aumento de la ansiedad.
- Vínculos sociales más superficiales.
- Dificultades en la autorregulación emocional.
Esto tiene un impacto directo en la inteligencia emocional, definida no solo como la capacidad de identificar emociones, sino también de gestionarlas y expresarlas de forma adecuada. “Vivimos en un entorno que premia la reacción constante y penaliza la pausa emocional. Eso afecta cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos”, agrega Diego Cartés, también investigador en bienestar digital.
¿Validación o conexión? La identidad en riesgo
El informe alerta sobre una paradoja contemporánea: las redes sociales, diseñadas originalmente para conectar personas, hoy podrían estar erosionando la calidad de las interacciones humanas. La búsqueda de validación inmediata, a través de likes, comentarios o visualizaciones, ha reemplazado muchas veces a la autenticidad emocional.
“Transmitimos versiones editadas de nosotros mismos a audiencias distraídas”, señala el informe. Esto es especialmente preocupante en adolescentes y jóvenes, quienes modelan su identidad en función de la aceptación digital, con consecuencias en su autoestima, empatía y relaciones reales.
Un llamado a rehumanizar el marketing
Más allá de la advertencia, el estudio propone soluciones. El marketing empático y ético sí es posible, y ya hay marcas que lideran el cambio. Casos como Headspace o Patagonia demuestran que es viable construir relaciones duraderas con los consumidores sin manipular su sistema emocional.
El informe sugiere:
- Diseñar plataformas con base en neurociencia afectiva.
- Valorar el silencio, la pausa y la desconexión como parte del viaje del consumidor.
- Medir la calidad del vínculo, no solo los clics.
- Promover campañas que fomenten la salud mental y el bienestar.
“Una marca que escucha, entiende y acompaña puede construir vínculos reales sin necesidad de alterar la química cerebral de las personas”, concluye Carlés.
















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