La hepatitis viral continúa posicionándose como una de las amenazas invisibles más mortales de la salud global. Pese a que cuenta con mecanismos efectivos de prevención, diagnóstico y tratamiento, la enfermedad suele avanzar en silencio durante años sin manifestar señales evidentes, lo que deja a millones de personas infectadas sin saberlo hasta que el daño hepático es avanzado.
Con motivo de la conmemoración del Día Mundial contra la Hepatitis el próximo 28 de julio, especialistas del sector sanitario han hecho un llamado urgente para fortalecer las barreras de protección, ampliar la cobertura de vacunación y masificar las pruebas de detección temprana.
Un reto invisible de impacto global
De acuerdo con las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de 1,3 millones de personas mueren cada año a causa de la hepatitis viral, una cifra de mortalidad comparable con la registrada por la tuberculosis. Actualmente, se calcula que 254 millones de personas viven con hepatitis B y 50 millones padecen hepatitis C en todo el planeta.
Sin embargo, el obstáculo más crítico radica en la brecha diagnóstica. Las estimaciones de la OMS señalan que solo el 13% de los pacientes con hepatitis B y el 36% de quienes tienen hepatitis C conocen su diagnóstico, una condición que no solo retrasa el acceso a los tratamientos oportunos, sino que incrementa de forma silenciosa la cadena de transmisión.
«La hepatitis es una enfermedad que muchas veces no da señales hasta que el daño en el hígado ya es importante. Por eso insistimos en la importancia de la prevención y de realizarse pruebas diagnósticas, especialmente cuando existen factores de riesgo. Una vacuna o un diagnóstico oportuno pueden evitar complicaciones graves años después», explicó Alejandro Rivas, gerente de la Red Médica de emi Falck y Faculty del Centro de Entrenamiento CEMI para Colombia de la American Heart Association.
¿Qué es la hepatitis y cómo se propaga?
La hepatitis consiste en una inflamación del hígado provocada generalmente por infecciones virales. Su tipología define las vías de contagio y su evolución clínica:
- Hepatitis A y E: Se transmiten habitualmente a través de la ingesta de agua o alimentos contaminados, generando infecciones de carácter agudo.
- Hepatitis B, C y D: Se contagian fundamentalmente por el contacto directo con sangre o fluidos corporales, presentando un alto riesgo de derivar en patologías crónicas.
A pesar de su complejidad, la ciencia médica ofrece herramientas eficaces de control. La hepatitis B cuenta con una vacuna segura dentro del esquema nacional de inmunización desde el nacimiento, mientras que la hepatitis C registra altas tasas de curación mediante terapias orales de corta duración.
Medidas esenciales de prevención
Para reducir los factores de riesgo en la vida cotidiana, los especialistas recomiendan adoptar pautas básicas de bioseguridad:
- Mantener al día los esquemas de vacunación contra la hepatitis A y B.
- Solicitar una prueba diagnóstica de hepatitis al menos una vez en la vida o con mayor regularidad ante la presencia de factores de riesgo.
- Evitar compartir elementos de uso personal como agujas, máquinas de afeitar o implementos de manicura.
- Verificar que la realización de tatuajes y perforaciones corporales se ejecute con material estrictamente esterilizado.
- Consumir exclusivamente agua potable y alimentos de establecimientos confiables durante los desplazamientos.
«Hacerse una prueba de hepatitis debería ser tan habitual como controlar la presión arterial o el colesterol. Es un examen sencillo que puede salvar vidas al permitir iniciar el tratamiento de manera temprana y evitar nuevas infecciones», concluyó Rivas.
















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