En abril de 2026, cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orión se convirtieron en los primeros seres humanos en sobrevolar la Luna en más de medio siglo. La misión Artemis II de la NASA, que despegó el 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy con los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, marcó un hito histórico al ser el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna desde el Apolo 17 en 1972.
Este logro coincide con la conmemoración de los 57 años del primer alunizaje humano. Detrás de cada misión que hace posible explorar el cosmos, existe una cadena de tecnologías críticas que operan en silencio, muchas de ellas desarrolladas por compañías que, desde la Tierra, han aprendido a fabricar soluciones para lo imposible. Castrol es una de ellas.


Cuando un vehículo explora la superficie de Marte a millones de kilómetros de la Tierra, no existe margen para el error. Una falla mecánica puede comprometer años de trabajo científico y millones de dólares en inversión. Por eso, cada componente debe estar diseñado para resistir condiciones extremas.
Entre las tecnologías que hacen posible estas misiones se encuentran los lubricantes de grado espacial desarrollados por Castrol, cuyos productos han sido utilizados en mecanismos críticos de la NASA desde las históricas misiones Apollo hasta los actuales rovers que recorren el planeta rojo, operando en entornos donde las temperaturas descienden por debajo de los -140 °C y la radiación es constante.
Innovación adaptada al vacío y la radiación
Mientras que en la Tierra los lubricantes operan protegidos por la atmósfera, en el espacio se enfrentan al vacío extremo —que puede provocar evaporación o contaminación— y a severas fluctuaciones térmicas. Para responder a esto, la compañía desarrolló formulaciones especializadas que operan por largos periodos sin generar residuos.
«La exploración espacial representa uno de los entornos más exigentes para cualquier tecnología. Desarrollar lubricantes capaces de funcionar en estas condiciones nos permite ampliar constantemente los límites de la innovación y aplicar ese conocimiento a múltiples sectores aquí en la Tierra», señaló Estefanía Mora, Gerente de Marketing de Castrol.
La tecnología de la marca está presente en el rover Perseverance (con grasas Braycote y aceites Brayco), en el rover Curiosity, en el helicóptero Ingenuity y en el Canadarm de la Estación Espacial Internacional. Los aprendizajes obtenidos en el sector aeroespacial se han transferido a la manufactura avanzada, centros de datos, industria marítima y movilidad.
















Discussion about this post