El fútbol despierta pasiones y un fanatismo deportivo como ningún otro deporte en el planeta. El fenómeno del hincha futbolero ha despertado un profundo interés, pues estos son capaces de trasladarse cientos de kilómetros, a veces hasta viajar a otras naciones, con el objetivo de apoyar a sus equipos favoritos. Para ellos, lo importante es que los jugadores, estén donde estén, se sientan acompañados; y para cumplir con este propósito son válidos cánticos, pancartas y muchísimos más recursos que llenan a este deporte de color. Pero ser un aficionado es más que seguir un equipo. Se trata de identidad y sentido de pertenencia a una comunidad donde todos comparten la misma pasión.
Influencia
Los expertos consideran que la afición juega un papel clave en los resultados que obtienen los equipos. Su determinación y apoyo contagian a los jugadores locales en la cancha, pero también afectan al adversario. No es de extrañar que grandes clubes de fútbol como Liverpool, Sevilla, Boca Juniors o Galatasaray basen una parte importante de sus probabilidades de éxitos en los partidos que juegan de local, donde los fanáticos son un factor determinante.
Un estadio que rebosa de público ejerce una gran presión sobre los jugadores, pues si la hinchada tiene la convicción de que la victoria es posible, esta se contagiará en los jugadores. Esto puede ser un impulso positivo para el equipo, que lo empujará a pelear el partido hasta el final con el objetivo de ganarlo.
Por otro lado, si los seguidores de un equipo notan desánimo o un bajo nivel de juego, enseguida se lo harán notar a los entrenadores y futbolistas. Sabiendo esto, no sorprenden las imágenes de muchos capitanes pidiendo disculpas a los aficionados luego de caer vencidos en un encuentro.
Pero los jugadores no son los únicos que sienten la presión de los hinchas. Los árbitros también sufren de manera constante el cuestionamiento de sus decisiones cuando estas parecen ser injustas y poco justificadas.
Además, la afición colabora en la economía de los clubes comprando boletos y mercancías relacionadas con los equipos, pues sienten que esta es una forma más de demostrar su apoyo.
Afición Sudamericana
En ningún lugar del planeta los aficionados sienten la pasión por el fútbol que posee el hincha sudamericano. En los estadios de Sudamérica desbordan un orgullo incomparable por su equipo. Los fans se consideran así mismos como el jugador número 12, ese que no patea, no interviene en el partido, pero empuja desde el primer momento hasta el último minuto.
Aportan música, color y fiesta al fútbol, con un fervor casi religioso (algunos llegaron a crear la Iglesia Maradoniana, en homenaje al astro argentino Diego Armando Maradona). Enarbolan banderas gigantes, crean personajes pintorescos y hasta utilizan extintores y bengalas para demostrar su fanatismo. Estadios como La Bombonera parecen temblar cuando las personas ahí reunidas comienzan a saltar animados por el buen juego de su equipo.
La variedad de cánticos empleados por las aficiones sudamericanas no tiene comparación en el mundo. Son capaces de crear una atmósfera intensa y festiva, pero que puede llegar a ser peligrosa debido a la presencia de los hinchas radicales.
La figura del “barrabrava” empaña al fútbol de la región, pues estos aficionados muchas veces se han visto envueltos en sucesos que han terminado de trágica manera. Enfrentamientos entre barras bravas rivales, o contra la policía, han dejado en muchas ocasiones heridos y víctimas fatales. Todo un fenómeno que solo ensombrece la belleza que poseen las hinchadas sudamericanas.
Afición Europea
Europa es la cuna del fútbol, y sus aficiones no se quedan detrás en entrega y fanatismo. Países como España, Inglaterra o Italia cuentan con algunas de las fanaticadas más fieles a sus equipos. Y es que el aficionado europeo es un vivo ejemplo de derroche de emociones durante los partidos.
La experiencia de acudir a un estadio de fútbol europeo es maravillosa, y no solo porque los clubes de esta región cuentan con los mejores jugadores del mundo (lo que garantiza un espectáculo enorme dentro de la cancha) sino también por la enorme fiesta que se vive en las gradas, donde los hinchas no paran de saltar y cantar apoyando a su equipo, o tratando de amedrentar al rival.
El fanático europeo siente las victorias y derrotas de su club como propias, y su compromiso con el equipo y el resto de aficionados es un vínculo para toda la vida.
En ese continente, los fanáticos buscan de manera constante formas creativas para animar a sus equipos. En ligas como la turca o la griega no es extraño la utilización de bengalas o fuegos artificiales durante las celebraciones, convirtiendo los estadios en verdaderos infiernos para los rivales.
Sin embargo, la figura del fan europeo se vio empañada durante años por los grupos más extremos, que al igual que sus pares sudamericanos, provocaron con sus acciones verdaderas tragedias como la ocurrida en Heysel, en el que fallecieron 39 personas. Fue entonces necesario el establecimiento de políticas duras para conseguir que los grupos más radicales (como los hooligans ingleses, los ultras españoles o los tiffosi italianos) tuvieran cada vez menos incidencia dentro de los estadios.
Fútbol globalizado
En un mundo tan globalizado, donde el fútbol es el rey de los deportes, y las personas emigran de sus países, diseminando su cultura, no es de extrañar que un club tenga aficionados fuera de sus fronteras.
Instituciones como el Real Madrid, Barcelona, América o Boca Juniors poseen una gran base de fanáticos en el extranjero. Y, aunque estos no pueden asistir a los estadios a apoyarlos, permanecen al tanto de las noticias relacionadas con sus equipos, o se reúnen en peñas organizadas (y hasta reconocidas por los propios clubes) para disfrutar los partidos por televisión o servicios de streaming.
Estos hinchas muestran su apoyo siguiendo a sus equipos en redes sociales, comprando camisetas y disfrutando cada partido desde la distancia, sintiendo los colores con la misma pasión que lo hacen aquellos que disfrutan del partido en vivo desde el estadio.
Un partido de fútbol es pasión, color y una mezcla de sentimientos que variarán en dependencia de si tu equipo resulta ganador o pierde el encuentro. Un verdadero aficionado sufre con su equipo, pero también se divierte, y pase lo que pase, nunca lo abandona. Vive bajo la premisa de que se puede cambiar de trabajo, casa, hasta de cónyuge, pero nunca de equipo.
















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