A medida que la esperanza de vida se incrementa, surge un reto crucial: garantizar que los adultos mayores vivan con bienestar físico, mental y emocional. Según el Dr. Joaquín Mateu Mollá, director de la Maestría en Gerontología de la Universidad Internacional de Valencia, hoy existen hábitos que pueden marcar la diferencia entre una vejez activa y una marcada por la dependencia.
Uno de los principales desafíos es la salud mental, donde el estrés prolongado puede desencadenar problemas graves como ansiedad, depresión e incluso la llamada “desesperanza aprendida”. El especialista resalta que aprender a gestionarlo es esencial para mantener el equilibrio emocional a lo largo de los años.
En cuanto a la salud física, la alimentación equilibrada y el descanso adecuado juegan un papel determinante. “Lo que en la juventud el cuerpo tolera, en la vejez pasa factura. Comer mal o dormir poco puede reducir drásticamente la calidad de vida y aumentar el riesgo de enfermedades”, señala Mateu Mollá.
Además, la estimulación intelectual resulta clave para prevenir el deterioro cognitivo. La lectura, por ejemplo, fortalece las reservas cerebrales y ayuda a enfrentar con mayor resiliencia los cambios neurológicos asociados al envejecimiento. Sin embargo, su práctica ha disminuido frente al consumo excesivo de internet y contenidos rápidos.
El experto también subraya un factor positivo: las nuevas generaciones, como los millennials, son más conscientes de la importancia de la salud emocional. Su disposición a hablar de sus vulnerabilidades, buscar ayuda y practicar actividades de autocuidado puede sentar las bases de un nuevo paradigma de vejez, más activa, conectada y digna.
Con hábitos saludables, redes de apoyo sólidas y un enfoque preventivo, el futuro de la vejez en Colombia y el mundo podría transformarse en una etapa de plenitud y oportunidades.
















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