Con el paso de los años, el hogar puede transformarse de un refugio seguro a un escenario de alta vulnerabilidad para las personas de la tercera edad. De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Salud, el 65% de los accidentes caseros que involucran a esta población se presenta en la cocina, seguido por un 24% en el cuarto de baño y un 11% en áreas comunes debido a pisos mojados, escaleras o tapetes sin asegurar.
Las caídas constituyen el siniestro más habitual y peligroso en esta etapa de la vida, comprometiendo gravemente la movilidad o la supervivencia de los afectados. Ante este panorama, adaptar la vivienda se convierte en un imperativo del envejecimiento activo. El Dr. Joaquín Mateu Mollá, Director de la Maestría en Gerontología y Atención Centrada en la Persona de la Universidad Internacional de Valencia – VIU (perteneciente a la red Planeta Formación y Universidades), señala la importancia de intervenir el entorno físico de acuerdo con las condiciones del adulto mayor.
«Lo elemental es minimizar la presencia de elementos inseguros, como alfombras sueltas o ubicadas en espacios donde dificulten el acceso o el tránsito, cables que crucen zonas de paso, iluminación escasa, suelos resbaladizos, escalones pobremente señalizados o instalaciones inadecuadas (bañeras en lugar de platos de ducha, por ejemplo)».
Adaptaciones progresivas y personalizadas
El especialista advierte que las modificaciones locativas no siempre requieren de reformas infraestructurales complejas, pero sí deben realizarse de manera personalizada y progresiva para no saturar al habitante. Entre las acciones de bajo costo y alto impacto para mitigar riesgos se destacan:
- Optimizar la iluminación en pasillos, escaleras, accesos y baños.
- Despejar las zonas de tránsito eliminando obstáculos innecesarios.
- Retirar alfombras sueltas o de texturas resbaladizas.
- Instalar barras de apoyo metálicas en las paredes del baño.
- Reemplazar las bañeras tradicionales por platos de ducha a ras de suelo.
- Incorporar revestimientos o cintas con propiedades antideslizantes.
- Ajustar la altura del mobiliario y los elementos de uso cotidiano.
- Demarcar visualmente los escalones y desniveles del piso.
A pesar de los beneficios, uno de los errores más recurrentes de las familias es la postergación de las medidas preventivas. El experto de la VIU resalta que el entorno suele emitir señales de alerta tempranas antes de que ocurra una eventualidad trágica. Dificultades para subir escaleras, tropiezos recurrentes, la necesidad de apoyarse en muebles para caminar, problemas al vestirse, el miedo manifiesto a caerse o el olvido de dejar fuegos encendidos en la cocina son indicios claros de que el hogar ha dejado de ser seguro.
«Si se introducen adaptaciones en el hogar con el tiempo suficiente es posible evitar que ocurran accidentes que impliquen lesiones graves o la aparición de miedos que limitarán la autonomía de la persona mayor. Asimismo, deben introducirse progresivamente, con sensibilidad a las necesidades emergentes».
El rol de la domótica y los errores comunes
Las herramientas tecnológicas actuales, como la automatización de luces, sensores de movimiento, alarmas de humo y recordatorios de medicación, se perfilan como aliadas estratégicas para la seguridad en el hogar. Sin embargo, su implementación requiere un proceso de aprendizaje guiado.
«Debemos asegurar que la persona los comprenda perfectamente y los pueda usar sin problema (puesto que en caso contrario tiende a ser una paradójica fuente de ansiedad e inquietud). Además, su uso no habrá de sustituir a la atención directa y humana (la cual es irremplazable), ni tampoco convertirse en un sistema de vigilancia que socave la libertad e intimidad de la persona mayor».
Finalmente, la investigación de la VIU enfatiza en el factor psicológico del adulto mayor. Imponer reformas de manera abrupta, eliminar objetos con arraigo emocional o convertir la vivienda en un entorno frío y medicalizado genera sentimientos de tristeza, aislamiento y pérdida de control. La adecuación del espacio habitacional debe consolidarse bajo un diálogo constante, garantizando que el adulto mayor mantenga su independencia y siga siendo el protagonista de su propio espacio vital.
















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