Lo que durante años fue catalogado popularmente como tiempo perdido —esas horas muertas deslizando de forma infinita la pantalla del celular (scrolling)— está experimentando una profunda mutación financiera. La lógica de consumo que masificaron gigantes tecnológicos como TikTok e Instagram ha evolucionado hacia un nuevo paradigma: en la actualidad, los usuarios ya no se conforman con ser espectadores pasivos, sino que exigen participar en ecosistemas digitales donde cada interacción pueda traducirse en un beneficio económico concreto.
Este cambio de comportamiento está reconfigurando las reglas del juego. El denominado social commerce (comercio social) ha difuminado por completo la frontera entre el entretenimiento puro y la transacción comercial, integrando de forma orgánica las dinámicas nativas de las redes sociales —como los me gusta, los comentarios y las comunidades de seguidores— en plataformas transaccionales. Bajo este modelo, la atención del usuario deja de ser un producto para terceros y se convierte en capital propio.
La big data detrás de la economía de la atención
Las métricas en el mercado colombiano ya permiten dimensionar el tamaño y el impacto de este fenómeno. De acuerdo con los datos revelados en el informe sectorial “De primera mano sobre la segunda mano”, citado por la plataforma líder de moda circular GoTrendier, las usuarias de este tipo de entornos interactivos pasan más de 20 minutos de enganche por sesión.
Esta fidelización se traduce en una actividad frenética en la pantalla. En un solo día se generan:
- Más de 96.000 likes (me gusta) analizando catálogos y perfiles.
- Más de 56.000 interacciones directas, distribuidas entre comentarios técnicos, negociaciones y ofertas de compra.
A una escala macro, el volumen de uso acumulado alcanza la impresionante cifra de 85 millones de horas al año. Esta estadística demuestra hasta qué punto las dinámicas de monetización colaborativa se han fundido con la rutina cotidiana de los ciudadanos conectados a internet en el país.
El nuevo rol del teléfono inteligente
Esta tendencia responde a una evolución sofisticada de la denominada «economía de la atención». Durante la última década, las corporaciones de Silicon Valley transformaron el tiempo y los datos de las personas en millonarios ingresos publicitarios privados. Hoy, el ecosistema digital le está dando la vuelta a la ecuación, permitiendo que esa misma atención se convierta en una oportunidad de monetización personal y transacciones directas entre usuarios (peer-to-peer).
En este escenario, el teléfono celular sufre una metamorfosis definitiva en su propósito de uso. Ha dejado de ser un simple terminal de ocio o comunicación familiar para convertirse en una herramienta híbrida de productividad, donde conviven el entretenimiento, el tejido social y el emprendimiento digital sin inventarios tradicionales.
“Hoy las plataformas digitales están integrando comunidad, interacción y oportunidades económicas en un mismo espacio, haciendo que actividades cotidianas como navegar o interactuar puedan traducirse en valor real para los usuarios”, explica de forma analítica Ana Jiménez, country manager de la aplicación en la región.
La tendencia, que se mantiene en una agresiva fase de expansión en América Latina, plantea un interrogante fascinante para el futuro del empleo y las finanzas digitales: si en la era de la información el tiempo es el recurso más escaso, ¿cómo cambiará la sociedad ahora que cada segundo invertido frente a la pantalla empieza, literalmente, a facturar?
















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