América Latina enfrenta una desconexión alarmante entre el discurso y la acción frente a la crisis climática. Aunque el impacto ambiental no es neutral y afecta de manera desproporcionada a las mujeres —especialmente en zonas rurales donde lideran la gestión del agua y la seguridad alimentaria—, las soluciones diseñadas en la región están fallando en integrarlas.
Un nuevo reporte titulado “Más allá del discurso: cómo integrar enfoques de género y clima en programas de impacto”, desarrollado por Latimpacto, Fundación WWB Colombia y WWF Colombia, revela una cifra contundente: mientras que más del 90% de las políticas climáticas en la región incluyen menciones a la igualdad de género, menos del 20% logra una implementación efectiva.
Una intersección tratada como secundaria
El informe, presentado en un conversatorio regional moderado por Irene Tafur (Fundación WWB Colombia), advierte que las agendas climática y de género siguen operando por carriles separados. Esta fragmentación limita el éxito de las intervenciones y, en el peor de los casos, profundiza las desigualdades existentes.
“La crisis climática no es neutral al género; ignorarlo no solo limita el impacto, sino que perpetúa desigualdades”, afirmó Soraya Husain Talero, directora de investigación de la Fundación WWB Colombia.
Por su parte, Beth Sua Carvajal, de WWF Colombia, enfatizó que no se trata de sumar una variable estadística, sino de rediseñar las soluciones desde la base para entender quién decide y quién se beneficia realmente de los programas de conservación y gobernanza.
Del «Gender-washing» a la práctica real
El reporte identifica una tendencia preocupante: el uso del enfoque de género como un simple requisito formal o «lista de chequeo», una práctica cercana al greenwashing o gender-washing. La inclusión suele ser nominal (cifras de asistencia a reuniones) pero no garantiza una incidencia real de las mujeres en la toma de decisiones estratégicas.
Barreras estructurales identificadas:
- Falta de datos: Escasez de información desagregada por género para medir impactos diferenciados.
- Financiamiento limitado: Los recursos para género suelen diluirse si no se asignan desde el diseño original.
- Falsa percepción de avance: Clasificar iniciativas como «de género» sin una integración técnica real distorsiona la medición del impacto en el ecosistema.
Mayor complejidad, mejores resultados
Aunque integrar ambos enfoques exige un esfuerzo mayor en términos de recursos y capacidades técnicas, los beneficios son superiores. Según Catalina Herrera, directora de conocimiento de Latimpacto, las iniciativas que logran esta sinergia tienden a ser más sostenibles y generan una mayor apropiación comunitaria.
Sectores como la energía renovable y la agricultura resiliente se perfilan como los campos de mayor oportunidad para que el liderazgo femenino fortalezca las cadenas de valor y acelere la adaptación climática.
Llamado a la acción institucional
El mensaje de las organizaciones impulsoras es ineludible: cerrar la brecha entre la intención y la acción es una condición de eficacia.
“No basta con reconocer que las mujeres son las más afectadas; debemos garantizar que tengan acceso a activos, capacidades y liderazgo para ser protagonistas reales de las soluciones”, concluyó Daniela Konietzko Calero, presidente de la Fundación WWB Colombia.
















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