Millones de personas en América Latina enfrentan cada año el desafío de heridas crónicas causadas por quemaduras, cirugías mal cicatrizadas, traumatismos o enfermedades como la diabetes. Frente a este complejo panorama, una tecnología está cambiando las reglas del juego: la Terapia de Presión Negativa (TPN), una herramienta médica que acelera la recuperación y reduce las complicaciones postoperatorias.
La TPN consiste en aplicar presión subatmosférica controlada sobre la herida mediante apósitos conectados a un sistema de succión. Este proceso promueve el flujo sanguíneo, estimula el crecimiento de tejido, reduce la carga bacteriana y disminuye la inflamación. Como resultado, el tiempo de cicatrización puede reducirse hasta en un 50 %, con una disminución del 13 % en infecciones y un 12 % en complicaciones postquirúrgicas como fístulas o seromas.
“El problema no es solo la tecnología, sino el momento en que se implementa”, explica el Dr. Felipe Vargas, especialista clínico en Solventum. “Si se usa a tiempo, puede evitar complicaciones graves, estancias hospitalarias prolongadas y cirugías innecesarias.”
Impacto clínico y económico
En hospitales y clínicas de América Latina, la TPN no solo mejora los resultados clínicos: reduce los días de hospitalización, minimiza el uso prolongado de antibióticos y disminuye costos operativos, generando beneficios tanto para los sistemas de salud como para los pacientes.
El mercado regional de esta tecnología alcanzó los USD 185 millones en 2023 y se proyecta que crecerá hasta USD 275 millones en 2030, con una tasa anual del 5,8 %. A nivel global, se espera que supere los USD 5.470 millones en 2035, duplicando su valor actual.
¿Por qué es tan necesaria?
Las heridas crónicas afectan especialmente a personas con movilidad reducida, diabetes o problemas circulatorios. Se consideran “crónicas” cuando no sanan adecuadamente después de seis semanas. En América Latina, esta condición afecta a millones, representando una carga silenciosa para los sistemas de salud.
Según la Organización Mundial de la Salud, las quemaduras no mortales están entre las principales causas de discapacidad en países de ingresos bajos y medios. A esto se suma la proyección de más de 50 millones de personas con diabetes en la región para 2050, una población altamente vulnerable a complicaciones en la piel y los tejidos.
Capacitación médica: el paso que falta
Para que la TPN sea verdaderamente efectiva, se requiere personal médico capacitado, diagnósticos oportunos y protocolos estandarizados. “Es una estrategia clínica, no solo un dispositivo”, enfatiza el Dr. Vargas.
Actualmente, la TPN ya se implementa con éxito en salas de cirugía, urgencias y unidades de cuidados intensivos, ofreciendo esperanza a pacientes con heridas complejas que antes parecían imposibles de tratar.
















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