La obesidad ha dejado de ser una preocupación estética para consolidarse como una de las enfermedades crónicas más complejas y peligrosas del siglo XXI. Definida como una acumulación anormal o excesiva de grasa corporal, esta patología representa hoy uno de los mayores desafíos para el sistema de salud colombiano, donde aproximadamente el 26% de los adultos vive con esta condición y más del 60% de la población presenta exceso de peso.
Según el grupo de Cirugía Bariátrica y Metabólica (CBM) de la Clínica Reina Sofía, la obesidad no es el resultado de una falta de voluntad. Por el contrario, es una patología multicausal donde convergen factores genéticos, metabólicos y un entorno «obesogénico» marcado por el sedentarismo y el acceso a alimentos ultraprocesados.
Causas y consecuencias: Un impacto sistémico
El doctor Andrés Ospina, cirujano bariátrico, advierte que factores psicológicos como el estrés y trastornos del sueño se suman a predisposiciones genéticas que dificultan el mantenimiento de un peso saludable mediante métodos convencionales. El diagnóstico se basa en el Índice de Masa Corporal (IMC) —considerando obesidad un valor ≥ 30 kg/m²—, aunque la distribución de la grasa abdominal es el indicador más crítico de riesgo.
Las consecuencias son devastadoras para el organismo. El doctor Álvaro Valencia señala que la obesidad es el precursor principal de:
- Diabetes tipo 2 e hipertensión arterial.
- Enfermedades cardiovasculares.
- Apnea obstructiva del sueño.
- Al menos 13 tipos de cáncer.
- Trastornos osteoarticulares graves debido a la sobrecarga mecánica.
La Cirugía Bariátrica: Más que pérdida de peso, una solución metabólica
Para pacientes con obesidad crónica, la cirugía bariátrica ha emergido como la ruta más efectiva. Estudios respaldados por la Asociación Colombiana de Endocrinología indican que este procedimiento permite perder entre el 40% y el 75% del exceso de peso.
Más allá de la báscula, se le conoce como «cirugía metabólica» por su capacidad para:
- Inducir la remisión de la diabetes tipo 2 en hasta un 80% de los casos.
- Normalizar la presión arterial y los niveles de lípidos en sangre.
- Alterar las señales hormonales de hambre y saciedad, algo que las dietas difícilmente logran por sí solas en casos severos.
















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