La intensa ola de calor que por estos días se siente en el país, sobre todo en algunas ciudades y municipios del Caribe colombiano, ha generado todo tipo de alertas y alarmas, pero sobre todo especulaciones sobre el impacto que puede generar el fuerte verano, no solo en la salud, sino también en la presencia de otros fenómenos naturales.
De acuerdo con cifras del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), a raíz del Fenómeno del Niño la temperatura se ha incrementado entre 0.5 y 2.5 grados centígrados (°C) en todo el país. Según informaron las autoridades ambientales, a principios de enero de 2024 la sensación térmica en la región Caribe fluctuó entre 29 y 33 °C, especialmente en Montería, San Marta y Barranquilla; en la zona Andina y Centro, se sintieron temperaturas entre 20°C (Tunja) y 30°C (Cúcuta); en la región Pacífica, Pasto registró 19°C y Quibdó 32°C; en la Orinoquía, en Arauca y Puerto Carreño se presentaron temperaturas hasta de 36°C; mientras que Villavicencio tuvo 32°C. Para resaltar, la Amazonía, las temperaturas más ‘frescas’ se sintieron en Mocoa y Leticia, mientras que Puerto Inírida registró 37°C.
Ante esta coyuntura han surgido todo tipo de teorías, mitos y verdades, unas relacionadas con la aparición de problemas en la piel por causa del sol, otras con dificultades en los niños y adultos mayores por efectos de la deshidratación y otras que aseguran que el intenso calor está generando sismos o movimientos telúricos.
Pero, ¿qué tiene de cierto que las altas temperaturas pueden ocasionar temblores? ¿Mito o realidad? De acuerdo con el profesor Luis Carlos Tapia, docente del programa de Ingeniería Geológica de la Fundación Universitaria del Areandina, sede Valledupar, la relación de los sismos o temblores con las altas temperaturas son un mito, pues el calor NO causa movimientos telúricos.
“Los terremotos se originan principalmente por la liberación de energía acumulada en las fallas geológicas debido al movimiento de las placas tectónicas y no están asociados con la temperatura atmosférica”, asegura el docente de Areandina.
Su tesis igualmente la corrobora el Servicio Geológico Colombiano (SGC), entidad encargada del estudio y monitoreo de este tipo de eventos en el país. “Los sismos son el resultado de la dinámica en el interior de la Tierra, un fenómeno que ocurre en el subsuelo. El calor en la atmósfera, por otro lado, es la energía térmica presente en el aire generada por las dinámicas atmosféricas”, explican.
Tanto Tapia como la SGC coinciden que, aunque se sienta mucho calor en la superficie, como está ocurriendo actualmente en muchas zonas del país, esto no tiene ningún efecto en el interior del planeta. “La atmósfera y el subsuelo tienen procesos y dinámicas propias y no están relacionados directamente entre sí. Por eso es importante entender que la temperatura ambiental no es un indicador de actividad sísmica”, concluyen los expertos.
















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