Dormir bien se ha convertido en un pilar fundamental para la recuperación y el éxito deportivo. Según Miguel Santiago, docente del programa de Entrenamiento Deportivo de Areandina, “el sueño permite reparar tejidos, sintetizar proteínas musculares y mantener la estabilidad emocional necesaria para afrontar la exigencia física y mental de la competencia”.
Durante el sueño profundo, el cuerpo libera hormona del crecimiento y repone el glucógeno muscular, procesos claves para mejorar la fuerza y reducir el riesgo de lesiones. Estudios recientes evidencian que dormir menos de seis horas puede disminuir la potencia y la resistencia aeróbica hasta en un 40%, además de incrementar los errores técnicos en un 45%.
Los expertos recomiendan entre 7 y 9 horas de sueño para personas físicamente activas, y hasta 10 horas en etapas de alta carga. A esto se suman siestas cortas de 20 a 30 minutos que ayudan a mejorar el enfoque mental y la velocidad de reacción.
Cinco hábitos para optimizar el descanso incluyen: mantener horarios regulares de sueño, dormir en un entorno adecuado, reducir el uso de pantallas antes de dormir, moderar la cafeína y practicar técnicas de relajación como la meditación o el mindfulness.
“El descanso no es tiempo perdido, es parte del entrenamiento”, enfatiza Santiago. Incorporar esta práctica en la planificación deportiva puede marcar la diferencia entre un buen rendimiento y el logro de resultados excepcionales.
















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