El panorama financiero y corporativo en Colombia está experimentando una transformación profunda. La implementación obligatoria del sistema de finanzas abiertas, bajo el marco del Decreto 368 de 2026, ha dejado de ser un tema exclusivo de los departamentos de tecnología para convertirse en un asunto prioritario en las mesas de la alta gerencia y las juntas directivas.
Este modelo, que permite el intercambio de información financiera de los usuarios bajo su autorización previa, abre una puerta sin precedentes a la innovación y la competitividad. No obstante, para las empresas, el verdadero desafío radica en decidir con criterio estratégico qué datos abrir, para qué hacerlo, con quién compartirlos y bajo qué controles.
La estrategia debe preceder a la tecnología
Habilitar el acceso a la información financiera no es una decisión neutral. Si se ejecuta de manera correcta, optimiza la experiencia del cliente, reduce fricciones operativas y genera nuevas oportunidades de negocio. Por el contrario, una implementación descuidada expone a la organización a riesgos de ciberseguridad, sanciones regulatorias y pérdida de valor reputacional.
Nancy Milena Riveros Chavez, docente de la Especialización en Alta Gerencia virtual de la Fundación Universitaria del Área Andina (Areandina), enfatiza la importancia de definir un propósito claro antes de iniciar cualquier desarrollo técnico:
“Antes de hablar de qué dato se comparte, la alta gerencia debería preguntarse para qué lo haría. Si no existe una utilidad clara para el negocio, para el cliente o para la eficiencia operativa, abrir información solo aumenta la exposición sin crear valor”.
La primera revisión, por lo tanto, debe ser estratégica. La organización debe clasificar el tipo de información que compartirá, entendiendo que los datos transaccionales, los perfiles crediticios y los hábitos financieros requieren barreras de seguridad mucho más robustas que otros conjuntos de datos comunes.
Gobierno del dato y control de terceros
El segundo aspecto crítico sobre el cual la gerencia debe poner la lupa es el gobierno del dato. La empresa debe estructurar procesos claros que garanticen la trazabilidad del consentimiento de los usuarios, delimitando quién solicita el acceso, bajo qué parámetros de autorización, con qué finalidad, por cuánto tiempo y a través de qué mecanismos el cliente puede revocar dicho permiso.
“Compartir datos no es solo habilitar una API. Es gobernar con precisión quién puede entrar, qué puede ver, qué puede hacer y hasta cuándo. Cuando esa trazabilidad no existe, la empresa no está innovando: está aumentando su vulnerabilidad”, señala la especialista de Areandina.
Este control estricto debe extenderse a la relación con los aliados y proveedores tecnológicos. No basta con confiar en la reputación de un tercero; la alta gerencia debe exigir auditorías de madurez operativa, protocolos de cifrado y autenticación de extremo a extremo, monitoreo constante y contratos robustos que blinden la responsabilidad jurídica sobre el uso de la información.
El checklist gerencial para las finanzas abiertas
Dado que la implementación regulatoria en Colombia se desarrollará por fases y casos de uso, Areandina recomienda a las organizaciones evaluar su madurez interna antes de acoplarse al ecosistema. El checklist mínimo para la toma de decisiones debe contemplar siete dimensiones esenciales:
- Gobierno corporativo claro y alineado con la regulación.
- Objetivo de negocio definido y cuantificable.
- Mapa de riesgos operativos y de ciberseguridad actualizado.
- Contratos robustos con proveedores y aliados.
- Seguridad de la información bajo estándares internacionales.
- Monitoreo continuo de las transacciones y accesos de datos.
- Criterio medible de retorno de inversión.
«Las finanzas abiertas no deberían verse como una obligación tecnológica, sino como una decisión de alta gerencia basada en confianza, retorno y control», concluye la docente de Areandina. En este nuevo entorno digital, compartir información sin un propósito estratégico, sin un riguroso control de riesgos y sin una utilidad real para el cliente puede resultar mucho más costoso para una compañía que quedarse al margen del modelo.














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