¿Estamos intercambiando nuestra estabilidad emocional por una dosis de dopamina digital? Un reciente informe de la Broward International University (BIU) revela cómo las redes sociales, el marketing algorítmico y la economía de la atención están afectando el bienestar psicológico de millones de usuarios, especialmente jóvenes.
Bajo el título “El nuevo opio del consumidor: Dopamina, redes sociales y el efecto en la Inteligencia Emocional”, el documento señala que el 74 % de los colombianos accede a redes sociales diariamente, y muchos jóvenes pasan más de 3 horas y media frente a la pantalla. Según el profesor Daniel Carles, “las plataformas no solo venden productos o experiencias: venden química cerebral”.
La nueva moneda del marketing: dopamina
Carles advierte que los algoritmos de redes como TikTok, Instagram y YouTube están diseñados para activar el sistema de recompensas del cerebro. Esta estrategia —orientada a generar estímulos inmediatos, validación constante y retención prolongada— puede estar deteriorando funciones clave de la inteligencia emocional, como la autorregulación, la empatía y la capacidad de sostener vínculos auténticos.
Atención fragmentada, vínculos más frágiles
Apoyándose en estudios recientes de la profesora Gloria Mark, el informe resalta que el tiempo de atención frente a una pantalla ha caído de 2,5 minutos a solo 47 segundos en dos décadas. Esta reducción no solo afecta la productividad, sino también nuestra forma de sentir, reflexionar y relacionarnos.
“Hoy estamos conectados a audiencias distraídas y transmitiendo versiones editadas de nosotros mismos en busca de aprobación inmediata”, explica Carles. Esta dinámica es especialmente delicada entre adolescentes, quienes forman su identidad en función de reacciones digitales fugaces más que de interacciones reales y significativas.
¿Es posible un marketing más humano?
Sí. El estudio de BIU propone una transformación ética del marketing digital, centrada en:
- Diseñar plataformas con enfoque en neurociencia afectiva.
- Valorar la desconexión y la pausa emocional como elementos humanos.
- Medir el éxito no solo por clics, sino por la calidad del vínculo con los usuarios.
Casos como Headspace o Patagonia demuestran que es posible construir marcas empáticas, sostenibles y emocionalmente responsables.
“No basta con captar atención; hay que cuidar lo que ocurre después de captarla”, concluye Carles, en un llamado a rehumanizar la comunicación digital y preservar la salud mental en la era del algoritmo.
















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