En Cuberos Niño todos lo conocían porque era un sacerdote diferente a todos «Lo recordamos porque siempre sonreía, siempre estaba alegre y siempre pensando en ayudar a los más pobres», nos contó con nostalgia Martín Leal, un tendero amigo de infancia del sacerdote cucuteño muerto violentamente el sábado anterior en Luanda, capital de Angola en África.
El padre Manuel Ubaldo Jáuregui tenía 36 años «El sólo quería estar rodeado de jóvenes, niños y la gente más pobres», recuerda su tío Reinaldo Vega. Manuel nació y creció en el barrio Cuberos Niño, un populoso sector de Cúcuta de estrato 2. «Desde niños fuimos uno sólo. Jugábamos fútbol y recochábamos juntos y nos la pasábamos para arriba y para abajo todo el rato. Lo voy a extrañar toda la vida», expresó con llanto Fabián Ortíz, el considerado por todos como el mejor amigo de la vida de Manuel. «No me lo va a creer, yo hablaba con él por whatsapp todos los días…y ahora no se que voy a hacer sin sus consejos», nos cuenta Fabián mientras su voz se entrecorta.
Don Lucas Jáuregui, padre del religioso aun no sale del trance «Yo le pido a Dios que me diga que esto es una pesadilla…apenas nos enteramos de su muerte…estamos destrozados». El sacerdote pertenecía a la Congregación Misionera de Yarumal que durante décadas ha recorrido el mundo llevando la palabra de Dios a los confines del planeta. «Su corazón era tan grande que el mundo le quedaba pequeño. Sabía que en África existían más necesidades que en Cúcuta y por eso se fue y nosotros lo apoyamos», manifestó don Lucas ya repuesto del llanto.
El misionero cucuteño fue víctima de un asesinato a manos de un motociclista que lo apuñaló siete veces, hombre con el que minutos antes había protagonizado un accidente automovilístico en las calles de la ciudad de Luanda.
Hace seis años, cuando Manuel se ordenó sacerdote en Medellín, viajó a su ciudad y realizó su primera misa en la Parroquia Jesús María Vianney de su barrio Cuberos Niño «No cabía un alma. Como habría de gente que yo, uno de sus mejores amigos, no pude entrar», indicó Martín, el tendero.
Hoy su familia y amigos piden al gobierno colombiano, al gobierno de Angola y a la Comunidad Religiosa de los Misioneros de Yarumal, agilizar el proceso de repatriación del cuerpo de Manuel. «Eso tiene un costo entre 50 y 60 millones de pesos. Nosotros no tenemos ese dinero. Le solicitamos a la Alcaldía de Cúcuta, la Gobernación a la Iglesia y a la comunidad que nos unamos para despedirlo aquí, en medio de su gente», manifestó finalmente su mejor amigo Fabián Ortíz.
El hombre que cegó la vida del religioso cucuteño fue capturado y se encuentra privado de la libertad.


























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