La creciente utilización de los procesos de insolvencia económica como un mecanismo premeditado para evadir obligaciones financieras se ha transformado en una de las principales alertas para el sistema bancario colombiano. Esta práctica no solo desafía la naturaleza de las normativas de salvamento, sino que incrementa significativamente la presión sobre las áreas de gestión de riesgo y cobranza de las entidades financieras a nivel nacional.
La magnitud del fenómeno se refleja en las estadísticas de la industria: solo durante el periodo de 2024 se iniciaron más de 11.000 procesos de insolvencia en Colombia. Esta cifra representa un crecimiento exponencial del 58% en comparación con los registros del año inmediatamente anterior, evidenciando una tendencia que impacta la estabilidad del ecosistema crediticio.
Del alivio financiero al fraude estratégico
Aunque el marco legal de la Ley 2445 fue diseñado originalmente con el propósito de brindar alivios y segundas oportunidades a los ciudadanos que enfrentan dificultades reales y demostrables para cumplir con sus pagos, la realidad operativa muestra un panorama distinto. Actualmente, algunas personas están empleando esta normativa de forma estratégica para acceder a múltiples líneas de crédito con la intención deliberada de no pagar, consolidando una modalidad de fraude financiero que afecta directamente los balances de las entidades bancarias.
Uno de los mayores desafíos para la banca se concentra en la etapa inicial de originación del crédito. Es allí donde se identifican con mayor frecuencia los casos de bust-out fraud, una modalidad en la que los solicitantes tramitan diversos productos financieros con un plan estructurado de incumplimiento para, posteriormente, acogerse de manera exprés al proceso de insolvencia y extinguir legalmente las deudas adquiridas.
Analítica avanzada contra redes de fraude
Frente a la sofisticación de estas conductas, los modelos tradicionales de evaluación crediticia resultan insuficientes para contener el impacto en las carteras de los bancos.
“Hoy las entidades financieras necesitan ir más allá de los modelos tradicionales de evaluación de riesgo. El fraude asociado a procesos de insolvencia requiere capacidades de analítica predictiva e incluso prescriptiva y monitoreo en tiempo real que permitan identificar comportamientos atípicos antes de que el impacto financiero ocurra”. — Gilma Díaz, directora de ventas para la región Norte de América Latina de FICO.
Para contrarrestar esta problemática, el sector tecnológico ha desarrollado soluciones avanzadas que permiten identificar patrones sospechosos antes de que se realice el desembolso del dinero. Mediante el uso de herramientas de analítica, modelos de machine learning y el monitoreo de conexiones ocultas, es posible detectar si diferentes solicitantes comparten correos electrónicos, números telefónicos o direcciones físicas que los vinculen a posibles redes de fraude organizado.
Monitoreo del comportamiento y perfiles dinámicos
El reto institucional no concluye con la entrega del dinero. Una vez el crédito se encuentra activo, los bancos se enfrentan al punto crítico de detectar cambios sutiles en el comportamiento del usuario que indiquen una preparación táctica para declararse insolvente. La capacidad de rastrear la acumulación acelerada de deudas, múltiples solicitudes de productos en plazos muy cortos o movimientos inusuales de capital se vuelve una tarea fundamental. Esto cobra mayor relevancia si se considera que la Ley 2445 establece umbrales relativamente bajos para dar inicio al trámite: basta con registrar apenas 90 días de mora y concentrar el 30% del pasivo total vencido.
A este panorama se añade una limitación estructural del sistema tradicional, ya que cada entidad financiera suele tener visibilidad únicamente de su propia relación comercial con el cliente. En este contexto, herramientas tecnológicas como la Plataforma FICO® permiten construir un perfil dinámico del deudor. Esto facilita una visión completa del comportamiento del usuario al conectar la información interna del banco con datos externos provenientes de más de 150 fuentes distintas.
Finalmente, la automatización y la inteligencia artificial se consolidan como las herramientas estratégicas clave para priorizar los casos de estudio, disminuir la tasa de falsos positivos y optimizar la capacidad operativa de los analistas, permitiendo concentrar el talento humano en las investigaciones de mayor impacto y complejidad.














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