Mientras el mundo conmemora hoy el Día Internacional contra el Tráfico Ilegal de Fauna Silvestre, Colombia, uno de los países más biodiversos del planeta y también una de las rutas más activas del comercio ilegal de especies, tiene una historia que contar con orgullo: la del Bioparque Ukumarí.
Más que un atractivo turístico, Ukumarí es un centro de conservación y educación ambiental que, desde Pereira, lucha de forma activa contra uno de los crímenes ambientales más lucrativos del mundo. Con más de 3,3 millones de visitantes desde su apertura y cerca de 330 mil personas al año, el parque ha logrado sensibilizar a generaciones enteras sobre la importancia de no comprar, cazar ni extraer fauna silvestre.
Una segunda oportunidad para miles de animales
Cada año, más de 40.000 animales son incautados por las autoridades en Colombia como resultado del tráfico ilegal. Muchos llegan al Bioparque Ukumarí: tortugas, aves exóticas, primates y felinos que han sido víctimas de maltrato, cautiverio o mutilaciones.
“Allí donde el tráfico rompió la vida de un animal, Ukumarí busca devolverle su dignidad”, afirma Raúl Murillo Betancur, gerente del bioparque. Aunque muchos no pueden ser liberados nuevamente, encuentran en este lugar un entorno digno y enriquecido que les permite vivir en condiciones adecuadas y recibir atención especializada.
Educación para prevenir futuros crímenes ambientales
Ukumarí no solo protege, también transforma conciencia. Con actividades pedagógicas, visitas escolares, experiencias sensoriales y recorridos guiados, el parque funciona como un aula viva al aire libre donde se enseña a respetar a los animales como seres silvestres, no como mascotas o mercancía.
“Cuando un niño entiende que un tucán no es para tenerlo en casa, estamos formando a un adulto responsable que no fomentará el tráfico”, comenta Murillo. Esta visión ha hecho de Ukumarí un modelo replicable a nivel nacional.
Impacto económico con propósito
El bioparque genera empleo directo e indirecto para más de 300 personas y dinamiza la economía de la región al involucrar artesanos, emprendedores y proveedores locales. Su modelo de gestión promueve la sostenibilidad no solo ambiental, sino también social y económica.
Un crimen que crece, pero también la resistencia
De acuerdo con cifras del Ministerio de Ambiente, en las últimas décadas Colombia ha experimentado un alarmante aumento en la incautación de fauna silvestre. Entre 2005 y 2009 se decomisaron más de 211.000 ejemplares, lo que representa 113 animales incautados cada día. Este delito mueve más de USD 20.000 millones al año, según Interpol.
En este contexto, la labor de Ukumarí representa un acto de resistencia ambiental. “Salvar un animal puede no cambiar el mundo, pero para ese animal lo cambia todo. Y cuando lo hacemos de forma sistemática, sí estamos cambiando el mundo”, concluye Murillo.
















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