Cada 21 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Espina Bífida, una fecha que busca sensibilizar sobre esta malformación congénita, una de las más complejas y desafiantes que afecta a miles de niños en todo el mundo cada año. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren aproximadamente 240,000 recién nacidos durante sus primeros 28 días debido a trastornos congénitos. La espina bífida es uno de estos trastornos, que afecta el desarrollo de la columna vertebral y el sistema nervioso. Además, estos trastornos causan la muerte de 170,000 niños entre 1 mes y 5 años, subrayando la urgencia de enfrentar esta condición.
Aunque representa desafíos significativos para los pacientes y sus familias, un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado pueden mejorar enormemente la calidad de vida de las personas con esta condición. Sin embargo, la espina bífida sigue siendo un reto no solo en términos médicos, sino también en aspectos de inclusión social.
El doctor Eduardo Cortes Silva, neurocirujano pediátrico del Hospital Infantil San Vicente Fundación, explica: “La espina bífida es una anomalía del tubo neural que ocurre cuando la columna vertebral y la médula espinal no se desarrollan correctamente en las primeras etapas del embarazo. Si el tubo neural no se cierra por completo, pueden formarse aberturas en la columna vertebral, dejando expuestos los nervios y la médula, lo cual puede desencadenar problemas físicos y neurológicos”.
La espina bífida se clasifica en dos tipos principales: abierta (mielomeningocele) y cerrada (espina bífida oculta). La espina bífida abierta es la más grave, con consecuencias neurológicas que pueden incluir parálisis, pérdida de control vesical e intestinal, y dificultades de movilidad. En cambio, la espina bífida oculta es más leve, suele detectarse en etapas tardías de la niñez y sus síntomas son menos evidentes.
Los factores de riesgo para la espina bífida incluyen la deficiencia de ácido fólico durante el embarazo, obesidad, diabetes y el uso de ciertos medicamentos, como los anticonvulsivos. Para prevenir esta condición, es crucial que las mujeres tres meses antes de quedar en embarazo, y en estado de gestación tomen suplementos de ácido fólico, especialmente en el primer trimestre.
La detección temprana, a través de ultrasonidos y análisis de sangre, permite planificar un tratamiento adecuado. El Hospital Infantil San Vicente Fundación es el único en Colombia con un equipo especializado y multidisciplinario en espina bífida, ofreciendo una atención integral que incluye neurocirugía, neurología, cirugía infantil, nefrología pediátrica, rehabilitación, psicología y apoyo psicológico, entre otras especialidades; que busca mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias.
“Los pacientes con espina bífida enfrentan desafíos que van más allá de la salud, incluyendo la integración escolar y el acceso a tratamientos. Es vital ofrecer un enfoque integral que no solo cubra las necesidades médicas, sino también el apoyo emocional y social”, agrega el doctor Cortes Silva.
En este Día Internacional de la Espina Bífida, la detección temprana y el tratamiento oportuno pueden marcar una diferencia significativa en la vida de quienes viven con esta condición en el país.
















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