En el marco de la víspera del Día Mundial del Refugiado, que se conmemora el próximo sábado 20 de junio, la realidad migratoria en América Latina demanda respuestas estructurales y sostenibles en el tiempo. Millones de personas se han visto obligadas a huir de sus países de origen debido a conflictos armados, persecución, violencia generalizada o graves vulneraciones a los derechos humanos.
Frente a este panorama, la organización internacional Ayuda en Acción, en alianza con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, avanza en la ejecución del «Proyecto: Recuperación socioeconómica justa e incluyente de la población venezolana». Esta iniciativa tiene como propósito mitigar las barreras de inserción laboral y social en los principales países receptores de la subregión, promoviendo el bienestar de las familias vulnerables.
De acuerdo con la caracterización gráfica detallada en el reporte regional de la organización , la situación migratoria presenta desafíos diferenciados y urgencias operativas en cada una de las tres naciones priorizadas.
Colombia: El principal receptor de flujos migratorios
Colombia se mantiene como el país con el mayor flujo de migrantes en la región, registrando un total de 2.844 .498 personas acogidas y un acumulado de 1.473 refugiados reconocidos formalmente, según datos oficiales del Informe Anual de Tendencias Globales de ACNUR. Las dinámicas de asentamiento evidencian que los niños, niñas y adolescentes suelen ser los actores más afectados debido a vacíos o fallas de articulación institucional para garantizar sus derechos mínimos.
Como mecanismo de respuesta en el territorio colombiano, Ayuda en Acción trabaja activamente en la identificación multidimensional de necesidades y en la orientación en derechos fundamentales para más de $1.200 personas. Asimismo, el proyecto activa de forma coordinada rutas de protección, entrega de asistencias humanitarias en efectivo para solventar necesidades básicas y ejecuta actividades comunitarias de integración social.
Ecuador: Un canal de tránsito y permanencia
Por su parte, Ecuador alberga a 440.000 personas acogidas y a 81.000 refugiados. No obstante, su mayor complejidad radica en su condición de territorio de paso: el Grupo de Trabajo para Refugiados y Migrantes (GTRM) estima que al menos 325.200 personas se encuentran en condición de tránsito. De hecho, entre los años 2025 y 2026, cerca de 221.000 personas en tránsito requirieron asistencia humanitaria y médica de carácter urgente.
Para abordar esta problemática, la organización implementa la iniciativa «Ruta de los Derechos», un modelo de atención integral que ofrece apoyo psicoemocional, auspicio para el emprendimiento económico, promoción de la cohesión comunitaria y orientación legal personalizada a un grupo objetivo de 1.400 personas en situación de vulnerabilidad.
Perú: El reto de la inclusión económica y social
En el extremo sur del bloque analizado, Perú cuenta con más de 1,66 millones de personas acogidas, acumulando la cifra histórica de 548.000 solicitudes de refugio en trámite y 6.808 refugiados admitidos. Las principales dificultades de este territorio radican en las barreras burocráticas y normativas para expandir el acceso formal de la población migrante al empleo digno, la salud pública, la protección social y el sistema de inclusión financiera.
La intervención técnica en este país se concentra en brindar orientación legal especializada a más de 1.500 personas en proceso de regularización de estatus migratorio. Paralelamente, se activa ayuda humanitaria directa para casos de extrema vulnerabilidad, se ofrece atención psicoemocional y se lideran acciones de sensibilización social para contrarrestar la xenofobia y la discriminación en los entornos laborales y vecinales.
«La realidad de los refugiados está marcada por la búsqueda constante de oportunidades. La asistencia humanitaria inmediata es crucial, pero la verdadera transformación social ocurre cuando logramos que las familias migrantes se integren de forma justa y productiva en la economía de los países de acogida». — Vocería oficial de Ayuda en Acción.
Con estas acciones articuladas, la cooperación internacional y las organizaciones de la sociedad civil reafirman su compromiso con la dignidad humana, demostrando que la migración, cuando es atendida con empatía, planeación y enfoque de derechos, puede transformarse en un motor de desarrollo mutuo para las comunidades receptoras y las poblaciones refugiadas.
















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