Cuando la tristeza infantil se disfraza: claves para detectar la depresión desde temprana edad
La depresión en la infancia es una realidad silenciosa que afecta a miles de niños en el mundo. Según la profesora Inés Santos, del programa de Psicología de la Universidad Europea, este trastorno afecta entre el 1% y el 2% de los menores, y puede pasar inadvertido por su forma atípica de manifestarse.
“Los niños tienen dificultades para identificar qué sienten y cómo expresarlo. A menudo canalizan su malestar a través de comportamientos como el aislamiento, la irritabilidad, los dolores físicos o el bajo rendimiento escolar”, explica Santos.
La experta advierte que en muchas ocasiones los adultos tienden a confundir la tristeza con desobediencia o desinterés. “Ningún niño menor de 10 años suspende por pereza. Siempre hay causas más profundas como problemas de aprendizaje o, en algunos casos, depresión”, subraya.
El rol de la escuela y el entorno familiar
La detección temprana es clave para evitar consecuencias a largo plazo. Aquellos que sufren depresión en la infancia tienen mayor riesgo de padecerla en la adultez. Por eso, los centros educativos juegan un papel fundamental en la identificación de señales tempranas.
“El profesorado está en una posición privilegiada para observar cambios de conducta. Por eso es fundamental que las aulas estén descongestionadas y que exista una comunicación fluida con las familias”, señala la docente.
Santos propone una estrategia conjunta entre instituciones educativas y sanitarias que incluya programas de formación en salud mental, talleres para padres, y protocolos de evaluación emocional. “Deberían incluirse cribados de salud mental en las revisiones pediátricas para detectar casos a tiempo”, insiste.
La psicóloga concluye que, aunque la conciencia sobre la salud mental ha avanzado, todavía queda camino por recorrer para garantizar un desarrollo emocional saludable para todos los niños.
















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