En una región marcada por la desfinanciación internacional y una creciente crisis humanitaria, el proyecto Tejiendo Caminos logró no solo brindar atención a miles de personas desplazadas por el conflicto, sino también sembrar las bases de una transformación duradera, impulsada por mujeres que hoy lideran procesos de cambio desde sus comunidades.
Implementado por CARE Colombia y Humanity & Inclusion América Latina y El Caribe, con el respaldo de la Unión Europea, el proyecto impactó a más de 17.700 personas, priorizando a mujeres, niñas, personas con discapacidad y migrantes en condiciones extremas. El Catatumbo, Nariño, Cauca y La Guajira fueron algunos de los territorios donde la intervención humanitaria logró abrir caminos de esperanza.
Atención digna en territorios olvidados
Durante su última fase, Tejiendo Caminos prestó más de 31.000 servicios esenciales, de los cuales el 62% fue dirigido a mujeres y niñas. Entre estos servicios se destacan:
- 4.296 atenciones de salud mental.
- 1.884 gestiones de casos de violencia basada en género.
- 4.343 rehabilitaciones físicas y funcionales.
- 1.437 kits de dignidad y maternidad entregados a mujeres en condiciones críticas.
- 5.395 personas alcanzadas con campañas de protección e inclusión.
En El Catatumbo, una zona profundamente afectada por el desplazamiento y la violencia, 61 mujeres gestantes recibieron atención; solo 17 de ellas habían accedido previamente a controles prenatales, reflejando la exclusión sistémica en salud materna.
Capacidades instaladas y empoderamiento real
El impacto del proyecto no se limitó a la asistencia directa. Uno de los mayores logros fue la formación de lideresas comunitarias, mujeres que hoy replican los conocimientos adquiridos para proteger a otras. En Nariño, una mujer desplazada relató cómo, tras formarse con el proyecto, ahora coordina redes de apoyo entre sobrevivientes.
“Ya no estamos solas. Hoy sabemos a dónde ir, qué exigir y cómo cuidarnos entre nosotras. Eso cambia vidas”, afirmó una lideresa comunitaria en Tibú.
Tejiendo Caminos también logró fortalecer rutas institucionales: capacitó personal sanitario, mejoró mecanismos de remisión entre entidades de salud y protección, y propició espacios seguros con un enfoque sensible a la diversidad cultural y a la discapacidad.
Datos que hablan de urgencia y esperanza
- El 81% de los casos de violencia atendidos fueron clasificados como de alto o medio riesgo, con predominancia de agresiones psicológicas, sexuales y económicas.
- 93.9% de las personas atendidas manifestaron que sus necesidades urgentes fueron cubiertas.
- 90% de las personas con discapacidad recibieron atención adecuada en salud mental o rehabilitación.
- 94% de los beneficiarios consideraron la atención como segura, accesible y respetuosa.
Un legado que exige continuidad
Aunque el proyecto cerró su fase operativa, su impacto no se detiene. Las redes comunitarias siguen activas, las lideresas formadas continúan trabajando y las rutas mejoradas están ahora al servicio de comunidades históricamente olvidadas.
“La vida de miles cambió, pero aún queda mucho por hacer. Proteger a las mujeres desplazadas no es un favor, es una deuda histórica”, concluyó Catalina Vargas, directora de CARE Colombia.
El llamado es claro: la ayuda internacional no puede retirarse cuando más se necesita. Las vidas, liderazgos y procesos que Tejiendo Caminos ayudó a construir demuestran que un enfoque centrado en la dignidad, el empoderamiento y la inclusión sí funciona —y debe continuar.
















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