La semana internacional del detenido desaparecido, se erige como una oportunidad para homenajear a quienes han sido forzados a permanecer en una incertidumbre constante y para visibilizar y recordar a quienes permanecen deasparecidos.
La desaparición forzada es una práctica de larga data; cometida en cientos de países a lo largo de la historia, esta tenebrosa práctica, ha dejado una larga lista de víctimas en el mundo. Se entiende en términos generales como cualquier tipo de privación de la libertad de una persona por parte de un tercero, quien intencionalmente se niega a reconocer dicha privación y a dar información sobre el paradero de la persona, con lo cual se despoja a la víctima del amparo de la ley por un periodo de tiempo.
Este crimen involucra la violación de varios derechos, no sólo de la víctima directa, es decir, de la persona que permanece retenida u ocultada, sino también de sus familias y de la sociedad en general, quienes son sometidos a una incertidumbre incesante. Mientras la persona desaparecida pierde su libertad y en ocasiones es torturada, su familia se enfrenta a una situación dramática ante la zozobra y el sufrimiento de no conocer el paradero de su ser querido, de no saber si volverá a verlo con vida y, por tanto, de la imposibilidad de realizar un duelo.
Dado su carácter universal, la desaparición forzada cuenta con un amplio marco legal de orden internacional con el que se compromete a los Estados a prevenir, combatir y no realizar esta práctica, así como a brindar a sus víctimas las garantías necesarias para que se conozca la verdad, se haga justicia y se consoliden condiciones óptimas para que no se repitan los hechos. Los Estados son los primeros garantes de que no se cometan desapariciones forzadas por lo que recae sobre éstos la responsabilidad de investigar lo ocurrido y acompañar a los familiares o víctimas indirectas de tal crimen, además de repararlos integralmente.















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