Robayo, de 31 años, fue premiado por tres fotos en las que muestra a un sargento llorando, luego de que los indígenas de la comunidad Nasa (paeces) le desalojaran junto con otros militares del puesto que ocupaban en la cima del cerro Berlín (municipio de Toribío).
Los militares debieron abandonar el puesto donde resguardaban antenas de comunicación ante la presión de los indígenas desarmados.
La comunidad Nasa exigía la salida de sus territorios tanto de la fuerza pública como de la guerrilla comunista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y que la seguridad en esa zona, frecuente escenario del conflicto armado, quedase a cargo de la guardia indígena.
Robayo, originario de la ciudad de Cúcuta (noreste), se desempeña como corresponsal de la AFP en la región del Valle del Cauca desde 2008.
El premio Simón Bolívar, que promueve la empresa privada Seguros Bolívar, galardona anualmente al mejor periodismo de Colombia en once categorías.
El galardón será entregado en una ceremonia este martes. El jurado de este año estuvo integrado por el escritor Héctor Abad, el sociólogo Carlos Castillo, los periodistas Gustavo Gómez y Diego Martínez, las abogadas Juanita León y Nora Sanín y el historiador Jorge Melo.
Testimonio del Trabajo de Luis Robayo
Yo llevaba una semana haciendo la cobertura de la Minga, que es como los indígenas en Colombia se refieren a un trabajo colectivo pero también a una protesta. Había dormido varias noches en el pueblo de Toribío (en Cauca, entre Cali y Popayán) y esa mañana alrededor de las seis salí hacia el cerro Berlín, donde había un puesto militar que la comunidad Nasa se había propuesto desalojar.
Toribío mostraba aún las secuelas de ataques guerrilleros que unos días antes provocaron ocho personas heridas. Los Nasa habían pedido públicamente la salida de sus territorios tanto de la fuerza pública como de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y que la seguridad fuese confiada a la guardia indígena.
Se decían atrapados en medio del conflicto entre militares y guerrilleros que a lo largo de medio siglo en Colombia ha dejado cientos de miles de víctimas civiles.
Por eso, los indígenas habían decidido dar un ultimátum y comenzaron con la destrucción de las trincheras ubicadas en las calles del pueblo, mientras otro grupo rodeaba el cerro Berlín.
La caminata hasta la cima del cerro Berlín, a 2.250 metros de altitud y donde los militares custodiaban antenas de comunicación, me tomó dos horas y muchos resoplidos. Esa mañana, 17 de julio de 2012, llegaban más y más indígenas hasta ese puesto, y le decían a los militares que se fueran porque sino los iban a sacar por la fuerza. Pero solo llevaban su bastón de mando.
Los militares recogían ya algunas de sus pertenencias para evitar confrontaciones cuando recibieron la orden permanecer en el lugar. En ese momento comenzó un forcejeo, los indígenas empujaban a los militares para sacarlos de allí, algunos soldados dispararon al aire, los indígenas respondieron lanzando piedras.
De pronto, el sargento Rodrigo García, que se resistía a dejar el puesto, se sentó en el piso, puso su mano sobre el casco y entró en llanto. Pensé: esto puede ser una buena foto, porque nunca había visto a un militar llorar. Me quedé muy junto a él hasta que me dio la oportunidad de tomarla. El fue el último en salir de allí … miraba hacia arriba mientras lo iban empujando.
Ya al atardecer regresé al pueblo de Toribío, donde un grupo de colegas me esperaba para decirme que la foto era viral en la red.
(Luis Robayo tiene 31 años. Es originario de la ciudad de Cúcuta (noreste) y desde 2008 se desempeña como corresponsal de la AFP para la región el Valle del Cauca (suroeste), la más conflictiva de Colombia. Sus fotos del sargento Rodrigo García le valieron el premio periodístico Simón Bolívar, el más prestigioso de este país)














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