Cada 5 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Higiene de Manos, una fecha que busca posicionar uno de los hábitos más simples y efectivos para la salud pública: el lavado y secado correcto de las manos. Pese a ser una práctica cotidiana, su impacto es decisivo, considerando que en un solo centímetro cuadrado de piel pueden habitar hasta 1.500 bacterias si no existe una limpieza adecuada.
Este hábito cobra especial relevancia dado que, según el American Journal of Infection Control, las personas se tocan la cara un promedio de 23 veces por hora, facilitando el ingreso de virus y bacterias a través de los ojos, la nariz y la boca.
Enfermedades que se previenen con la higiene
La evidencia científica respalda la importancia de este acto. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), una higiene adecuada puede disminuir en un 21% los resfriados y en un 31% las enfermedades gastrointestinales. Además, es clave para cortar la transmisión de patógenos responsables del cólera, la disentería, la hepatitis E y la COVID-19.
“Promover la higiene de manos como un acto cotidiano con impacto colectivo es fundamental. No solo protege a la persona, sino que ayuda a reducir la propagación de enfermedades en toda la comunidad”, señala Alejandro Fernández, director comercial para Latinoamérica de Kimberly-Clark.
La técnica correcta: El desafío de los 20 segundos
Para que el proceso sea efectivo, los especialistas recomiendan frotar palmas, dorso, entre los dedos y debajo de las uñas durante al menos 20 segundos. No obstante, las estadísticas muestran una brecha crítica: solo el 5% de las personas cumple con este tiempo, mientras que el promedio de lavado es de apenas 7 segundos.
El secado: La etapa olvidada
Un error frecuente es omitir el secado o realizarlo de forma inadecuada. El uso de toallas de papel se destaca como un método eficaz para retener microorganismos y evitar la recontaminación.
“El proceso de higiene no termina con el lavado. El secado adecuado es fundamental para evitar la recontaminación y reducir significativamente la presencia de bacterias en las manos”, agrega Fernández.
A seis años del inicio de la pandemia de COVID-19, reforzar este hábito sigue siendo una de las medidas más accesibles y poderosas para garantizar entornos seguros y reducir la presión sobre los sistemas de salud.
















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