A Cúcuta y Norte de Santander no le quedó duda alguna de la importancia que tienen los Juegos Paranacionales, después de la imponente ceremonia que le dio vida a los juegos de la esperanza y la superación.
Más de doce mil almas vibraron al ritmo de la música, la historia, las luces, pero sobretodo con el momento sobrecogedor que unos 900 atletas en condición de discapacidad, despertaron en la tribuna al desfilar en medio de aplausos, sonrisas, abrazos.
Fueron momentos sublimes que trasladaron de la gramilla a las tribunas toda la emoción que produjo la presencia de hombres a veces ya consagrados en el deporte convencional, pero a quienes por avatares del destino, la vida les debe algo.
El Sistema Paranacional se merecía una apertura como esta, al estilo de las mejores inauguraciones de eventos internacionales, al estilo colombiano, con pasajes históricos de conquista, colonia, historia nortesantandereana, adornando un escenario con luces, cantos, danzas y música que despertaron el fervor popular.
La noche estuvo llena de sorpresas, como la imagen del profesor Luis Fernando Montoya, cruzando la grama del Estadio General Santander acompañando la antorcha con el Fuego Deportivo portado por su hijo, y la sorpresiva aparición de Jesús Romero al lado de Elkin Sena en el último relevo antes de llevar el fuego al pebetero.
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