En el marco del Día Internacional del Autocuidado, conmemorado este 24 de julio bajo el concepto 24/7, expertos en salud mental ponen la lupa sobre el impacto de la hiperconectividad en los jóvenes. Cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la UNICEF indican que aproximadamente 1 de cada 7 adolescentes en el mundo vive con un trastorno mental, siendo la ansiedad y la depresión las problemáticas más frecuentes debido a la presión social digital y la comparación constante.
En Colombia, la situación no es ajena. Desde la Corporación Universitaria Iberoamericana (IBERO), la decana de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, Esperanza Gaona Pérez, advierte que el uso ilimitado de plataformas digitales genera fatiga cognitiva, alteraciones del sueño, ciberacoso y baja autoestima en el grupo etario más vulnerable.
“Vivimos en una cultura de hiperconectividad; entornos digitales premian la inmediatez y la búsqueda de validación externa, generando fatiga cognitiva e hiperalerta en los jóvenes”, destacó Gaona, señalando que el riesgo surge cuando el uso de las redes se vuelve compulsivo y sustituye el descanso emocional.
3 claves de autocuidado psicológico propuestas por la IBERO
Para mitigar los efectos negativos de la sobreexposición a las pantallas, el programa de Psicología de la IBERO recomienda tres prácticas esenciales de autorregulación emocional:
- Horarios sin pantalla antes de dormir: Evitar el uso de redes sociales al menos 60 minutos antes de acostarse para proteger el ciclo del sueño y disminuir la ansiedad nocturna por comparación social.
- «Detox» periódico de contenidos: Auditar regularmente las cuentas que se siguen, eliminando aquellas que generen malestar y priorizando fuentes que aporten bienestar real.
- Sustituir el doomscrolling por el mundo real: Reemplazar parte del tiempo de navegación por actividad física, pasatiempos o interacciones cara a cara para fortalecer la autoestima y reducir la dependencia de la validación digital.
La institución hace un llamado a familias y educadores para fomentar espacios de diálogo abierto, recordando que el primer paso para conectar con el bienestar propio es aprender a desconectarse de la presencialidad digital.
















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