En Colombia, el envejecimiento del parque automotor plantea desafíos ambientales y de seguridad vial. Ante esta realidad, la chatarrización vehicular se posiciona como una herramienta fundamental para reducir la contaminación, promover el reciclaje y garantizar la disposición adecuada de vehículos en desuso. Empresas como Diaco, líder en reciclaje de chatarra, encabezan este proceso con un enfoque ambientalmente responsable.
Según datos del Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT), para diciembre de 2024 había casi 20 millones de vehículos registrados en el país, con una edad promedio de 13 años. De ellos, más de 3 millones superan los 25 años de antigüedad, lo que los convierte en potenciales candidatos para su desintegración técnica.
Reciclaje con impacto positivo
Un solo vehículo puede reciclarse en un 90 %, permitiendo recuperar materiales como acero, aluminio, cobre, vidrio y plásticos, que regresan a la cadena productiva, disminuyendo la presión sobre los recursos naturales.
“Cada vehículo que reciclamos representa una oportunidad de reducir emisiones, conservar materias primas y avanzar hacia una economía circular”, afirma Mauro de Castro, director país en Diaco.
Solo Diaco ha gestionado más de 52.000 vehículos al final de su vida útil, transformando los residuos metálicos en acero para la construcción. Con una planta en Tuta, Boyacá, que procesa 360.000 toneladas anuales de chatarra, Diaco se consolida como una de las siderúrgicas con menores emisiones por tonelada de acero en América Latina.
Un proceso sencillo y transparente
Contrario a la creencia popular, desintegrar un vehículo es un trámite fácil, económico y sin intermediarios. Con solo presentar la documentación requerida, contactar una entidad autorizada como Diaco, entregar el vehículo y recibir el certificado oficial de desintegración, los propietarios pueden dar cierre legal a la vida útil de su carro, evitando impuestos y responsabilidades.
Además, este certificado es fundamental para cancelar la matrícula y garantizar que el vehículo no se utilice con fines ilegales ni que sus partes ingresen al mercado negro de autopartes.
Seguridad, sostenibilidad y legalidad
Vehículos abandonados no solo representan un foco de contaminación ambiental —por filtraciones de aceites y combustibles—, también son fuente de inseguridad urbana y gastos innecesarios para sus dueños.
Al canalizar el proceso de chatarrización a través de entidades como Diaco, se garantiza una gestión responsable que incluye la fundición de residuos metálicos y la disposición adecuada de otros componentes no reciclables, con estándares internacionales de seguridad ambiental.
















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