El deporte es una actividad indispensable para mantenernos sanos y saludables. La periodicidad del ejercicio y la forma de alimentarnos son dos aspectos centrales si queremos mantenernos fuertes y vitales.
El desarrollo de la ciencia y tecnología en los últimos años permitió que emerjan nuevos estudios y controles que permitan saber en qué condiciones está nuestro cuerpo. La Escala de Daniels es uno de ellos ¿Pero cómo funciona? ¿Qué aspectos se tienen en cuenta? ¿Cómo hacemos para sostener una rutina saludable? Veamos.
¿Qué es la Escala de Daniels?
- La Escala de Daniels es un test que se usa para medir la fuerza de los músculos del cuerpo humano. El mismo permite observar la recuperación muscular en zonas donde se registraron lesiones como, así también, analizar los resultados de los tratamientos en aquellos pacientes con trastornos neuromusculares.
Cuando hablamos de fuerza muscular hacemos referencia a la capacidad de un músculo (o varios de ellos) para contraerse y vencer una resistencia. Por lo tanto, la misma incide en cada uno de nuestros movimientos: al sujetar un elemento con la mano, al caminar o salir a correr, como así también, a la hora de realizar las actividades laborales.
En nuestra rutina diaria los músculos tienen un rol central. Conservar nuestro cuerpo resulta indispensable para poder relacionarnos con nuestro entorno y llevar una vida plena en comunidad.

· ¿Cómo se aplica la Escala de Daniels?
La Escala de Daniels tiene 5 niveles que permiten clasificar los distintos tipos de desarrollo muscular. En el nivel 0 el músculo no se contrae, por lo que estamos en presencia de una parálisis completa. En el 1, el músculo se contrae pero no hay movimiento. En el nivel 2, el músculo se contrae y se realiza el movimiento, pero sin resistencia (por lo que no se puede vencer a la gravedad). En el 3, el músculo puede realizar el movimiento en contra de la gravedad, pero como única resistencia. Por último, en los niveles 4 y 5 el músculo se contra y efectúa el movimiento concreto y en contra de la gravedad. La diferencia entre ambos es que en el 4 hay una resistencia manual moderada, mientras que en el 5 una resistencia manual máxima.
Los ejercicios que se realizan dentro del test de la Escala de Daniels arrojan un grado de desarrollo que es jerarquizado y plasmado en los diferentes niveles, dependiendo de la movilidad y la resistencia de cada paciente.
La importancia del ejercicio para desarrollar la fuerza muscular
Para trabajar la fuerza muscular hay dos aspectos cruciales: el ejercicio y la alimentación. Para aumentar nuestra fuerza la periodicidad de la actividad física resulta indispensable. Hay diferentes ejercicios que logran fortalecer la fuerza muscular, cuya intensidad y repeticiones deben ir aumentando de manera progresiva para alcanzar el robustecimiento del músculo.
Más allá del desarrollo muscular, el ejercicio tiene un conjunto de beneficios. La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que la actividad física contribuye a la prevención y gestión de enfermedades no transmisibles, como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la diabetes.
A su vez, la actividad física reduce los síntomas de la depresión y la ansiedad y mejora las habilidades de razonamiento y aprendizaje. Según los datos arrojados por la OMS, 1 de cada 4 adultos no realizan los niveles de actividad física recomendados, y dicha estadística se agrava a nivel mundial en los adolescentes: el 80% tiene una insuficiente actividad física.
Hábitos saludables para nuestra alimentación
Para mantener los músculos y nuestro cuerpo en forma una buena alimentación resulta indispensable. Una dieta saludable no solo ayuda a protegernos de la malnutrición, sino también de enfermedades no transmisibles como la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, entre otras.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) realiza recomendaciones que son muy útiles para crear nuestros hábitos de alimentación saludables:
- Consumir todos los días verduras y frutas variadas.
- Bajar el consumo de sal y de alimentos altos en sodio
- Disminuir las bebidas azucaradas y los alimentos altos en sal, azúcar y grasas.
- Ingerir cereales (idealmente integrales) y legumbres.
- La ingesta calórica tiene que estar equilibrada con el gasto calórico. Para evitar un incremento malsano de peso, las grasas no deberían superar el 30% de la ingesta calórica total. Las grasas no saturadas (que se encuentran en pescados, frutos secos y en los aceites de girasol, soja, canola y oliva) son preferibles a las grasas saturadas (presentes en la carne grasa, la mantequilla, el aceite de palma y de coco, el queso, entre otros).
- Tomar a diario 8 vasos de agua segura
Generar una rutina saludable depende de nosotros mismos. Estos consejos para una buena alimentación y la realización periódica de actividad física son aspectos centrales si nos queremos mantener en forma. No dejemos pasar el tiempo y construyamos una manera más sana de habitar el mundo.
Hábitos no saludables ¿Cómo identificarlos?
La pérdida de fuerza muscular puede originarse por diferentes variables, las cuales tienen de fondo patologías y/o rutinas que son nocivas para la preservación de nuestro cuerpo. Algunas de ellas son:
- Inactividad física y sedentarismo
- Patologías degenerativas
- Afecciones nerviosas
- Enfermedades neurológicas
- Lesiones musculoesqueléticas y traumáticas que afectan al sistema locomotor como, por ejemplo, tendinitis, artrosis, artritis o fracturas o esguinces.
Frente a ello, es indispensable que desarrollemos actividad física periódica y chequeos médicos que nos permitan saber cómo se encuentra nuestro organismo. Preservar el aspecto físico, psíquico y emocional es elemental para poder disfrutar en plenitud el día a día.
A pesar de esto, la creciente producción de productos procesados, la rápida urbanización y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación generaron que los estilos de vida cambiaran, traduciendose, a su vez, en nuevos hábitos alimenticios.
El boom de las comidas rápidas, con alta concentración calórica, sucede a lo largo y ancho del mundo, aumentando los problemas de sobrepeso, obesidad y enfermedades no transmisibles –hipertensión, colesterol, entre otras-. En la actualidad, muchos ciudadanos consumen más alimentos con grasas, azúcares libres y sal/sodio; dejando de lado las frutas, verduras o cereales integrales. Esto invita a revisar y repensar nuestras rutinas.
















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